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Sábado, 7 de diciembre de 2019



COLUMNISTAS


El control social mejora la democracia

Leiner Vargas [email protected] | Martes 18 diciembre, 2018


Reflexiones

Mejor democracia, un objetivo deseable en un país donde nos hemos acostumbrado a tener poca, muy poca, transparencia en el accionar de los actores públicos y privados. Los primeros, deben aprender a declarar pública su información y su accionar, acostumbrarse a rendir cuentas claras y sobre todo, del uso de los recursos públicos. Del lado del sector privado, acostumbrado al secreto de sus cuentas, declarar a medias buena parte de sus actividades o inclusive, aprovechar su condición para incurrir en actos de corrupción de lo público, debe entender que vivimos otros tiempos, que la transparencia, la declaración completa de sus actividades y un accionar ético propicio, son valores sustantivos de cara a la nueva ciudadanía. Ambos sectores deben replantear sus estrategias y acciones en un marco de mayor escrutinio ciudadano. Ni que decir de organizaciones sociales como los sindicatos, las cooperativas y las asociaciones solidaristas, que se ven sometidos a la mayor injerencia de sus agremiados en un mundo donde casi nada es secreto y donde, el accionar de lo público y lo privado se revela velozmente al ciudadano de múltiples formas y a través de diversos canales.

Parece que todo se sabe, pero realmente existe gran opacidad en la gestión de lo público y una doble moral, desde lo privado. Hacer más transparente la gestión pública requiere un compromiso doble, una prensa comprometida y muy preparada, lo mismo que una ciudadanía avispada y comprometida con la verdad. Igual que es castigable el daño moral de quienes son objeto de la publicidad negativa provocada por una noticia falsa, se requiere llegar a las últimas consecuencias sobre la transparencia y la rendición de cuentas en lo público y en lo privado. No podemos seguir asumiendo que administramos bienes de difunto, como dirían en mi pueblo, se trata de la colectividad y de sus más altos intereses.

En los últimos días hemos tenido de ambas cosas, por un lado, el descaro de quienes asumiendo una situación de huelga se han ido de vacaciones pagadas fuera o dentro del país, dejando muy mal parados a nuestros maestros y profesores honestos y comprometidos. De igual forma, se ha develado la lista de grandes empresas con cero utilidades en los últimos años, algunas con hasta ocho o diez años sin contribuir al país. Ambas manifestaciones muestran un deterioro de los valores cívicos y la falta de una moral consistente con un costarricense honesto y consecuente. No se puede generalizar y decir que todos los maestros y profesores son vagos o corruptos, como tampoco podemos atribuirnos, el decir que todos los empresarios son evasores o elusores del fisco, pero el hecho de que existan estas manifestaciones de desprecio a la función pública o al cumplimiento ético con el desarrollo costarricense, nos pone al descubierto un país que requiere un cambio urgente en su accionar.

El control ciudadano, más que la aplicación de la ley es un tema urgente. El castigo moral, muchas veces más fuerte y consecuente que el castigo de multas producto de la aplicación de la ley, resulta más significativo. El conducir a un escrutinio ciudadano mayor, el poner en evidencia quién y quién no cumple sus obligaciones, resuelve de mejor manera el prevenir el accionar oportunista del ser humano. Reducir la evasión y aumentar la efectividad y eficiencia del Estado son en lo sustantivo elementos que se pueden lograr con mayor control del ciudadano del accionar de las empresas y de las personas en la esfera de lo público. Más y mejor democracia es sin duda deseable, aspirando a un ciudadano comprometido con la verdad y con la transparencia, capaz de provocar mejoras en el accionar de lo privado y en el fiel cumplimiento desde la esfera pública, de los principios de probidad y transparencia. A quien le caiga el guante, que se lo plante. No quiero resultar neutral o complaciente con algunos y atribuirles todo el mal a los otros, creo que ambos actores son parte del problema y deberían ser, en esencia, parte de la solución.


Dr. Leiner Vargas Alfaro

www.leinervargas.com




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