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Domingo, 9 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Educación para reducir la desigualdad

Luis Mesalles [email protected] | Jueves 22 noviembre, 2007


Educación para reducir la desigualdad

Luis Mesalles

La creciente desigualdad de los ingresos en Costa Rica es un tema que preocupa. Aunque este año pareciera que se ha ganado una pequeña batalla en la lucha contra la pobreza (al bajar su nivel 3,5 puntos porcentuales), la desigualdad aumentó. Esto genera una sensación de que la repartición de los beneficios no es pareja y crea un sentimiento de insatisfacción entre un sector importante de la sociedad.
No se trata de que ahora algunos grupos tengan mayores ingresos y que sean un poco menos pobres, sino que, si los ingresos de otros grupos crecieron todavía más rápido que los de mi grupo, yo no me siento bien. En este sentido, el concepto de bienestar es relativo: “estoy bien o mal, cuando me comparo con el vecino”.
Aumentos en la desigualdad de ingresos llevan, eventualmente a problemas sociales y de inseguridad ciudadana, que limitan el bienestar de la sociedad en general, tal y como señalaba una noticia de LA REPUBLICA hace una semana. También son un problema para la economía, ya que llevan a un mal uso de los recursos escasos en la economía. El costo de enrejar una casa o el de reparar el vidrio quebrado del carro luego de un robo, no llevan a un mayor bienestar, sino simplemente son la reposición del estatus de bienestar anterior perdido.
Algunos tienden a llegar a la conclusión rápida de que “los ricos se hacen cada vez más ricos, mientras que los pobres se vuelven cada vez más pobres”. Sin embargo, el problema requiere un análisis más profundo de las cifras. Según la última Encuesta de Hogares, el ingreso de los más pobres (el 20% más bajo) creció más rápido que el de los más ricos (el 20% más alto). Aquí, “los ricos se hicieron más ricos, mientras que los pobres se hicieron menos pobres”, y eso está bien. El problema está en la clase media. Los ingresos de este grupo crecieron a la mitad del de los más pobres, y dos terceras partes de lo que lo hicieron los de los más ricos.
Pero, entonces, ¿qué hacer? Lo lógico es, primero, procurar que los ingresos de todos los grupos crezcan. Si no hay cacao, no habrá chocolate para repartir. Luego se puede pensar en quitarles a los más ricos algo de dinero para repartirlo entre los demás grupos. Esto ya se hace, en alguna medida, al hacer que los ricos paguen impuestos y el gobierno se dedique a darles beneficios a los pobres, a través de programas sociales, por ejemplo. Pero pareciera que esto ayudó a los más pobres, y no tanto a la clase media.
Aquí es donde la educación podría jugar un papel más impactante en tratar de reducir las desigualdades, al darles a los grupos de jóvenes la oportunidad de estar mejor preparados para el trabajo en el futuro. Los esfuerzos que se están haciendo para tratar de que los estudiantes permanezcan en la secundaria ayudan mucho (como el programa Avancemos). Pero también hay que ponerle mucha atención a la calidad de la educación. Si nuestros jóvenes no reciben el tipo de educación que se necesita para la “nueva” economía que se está gestando, tampoco verán sus oportunidades de progreso crecer.

*Socio-Consultor Ecoanálisis
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