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Viernes 23 Enero, 2009

Educación en la zona rural


La educación es un proceso de socialización de personas en una sociedad, donde se desarrollan capacidades intelectuales, habilidades, destrezas y técnicas para el progreso, constituyéndolo en un derecho fundamental del ser humano y un requisito esencial para reducir la pobreza del mundo rural y urbano.
En Latinoamérica, un creciente porcentaje de jóvenes, de los medios rural y urbano están por concluir la enseñanza fundamental básica y hasta la secundaria, con la esperanza de que este esfuerzo les ofrezca un futuro de oportunidades a sus aspiraciones y ambiciones.
Esto supone que los jóvenes, ahora más “escolarizados” y con una acumulación de conocimientos, descubren que no están aptos para obtener siquiera un modestísimo empleo, pues egresan del sistema escolar sin poseer las cualidades o perfil que los empleadores buscan y necesitan.
Los conocimientos que adquieren los estudiantes en el área rural, en realidad no tienen ninguna utilidad o aplicabilidad en la vida cotidiana. A esos futuros profesionales hay que ofrecerles una educación que les ayude a que ellos mismos puedan transformar sus realidades adversas, corregir sus ineficiencias, habilitándoles para conseguir un trabajo en el cual puedan satisfacer sus necesidades de supervivencia.
Concretamente, a excepción de lo que les fue enseñado en los tres primeros años (leer, escribir, las cuatro operaciones aritméticas, la regla de tres y el sistema métrico), prácticamente todos los demás conocimientos son irrelevantes, para que ellos puedan tener un mejor desempeño en el trabajo, en la vida personal, familiar y comunitaria.
Está claro que esto ocurre porque el sistema de educación rural no les proporciona los conocimientos útiles, ni las actitudes y los valores que necesitan para ser elegibles o al menos ser considerados.
Algunos defensores de este modelo educativo afirman que tales contenidos son necesarios para desarrollar la creatividad, el ingenio, el sentido crítico e investigativo, para democratizar las oportunidades de acceso a la universidad, ignorando que, en la mayoría de los países de América Latina, apenas el 5% o el 10% de los jóvenes tiene ese privilegio.
Sin embargo, en el entorno rural costarricense existe un abismo entre lo que el sistema de educación enseña y lo que los educandos realmente necesitan aprender.
Esa disfunción educativa es tan perjudicial a nuestra juventud, al sector productivo y al futuro de nuestras naciones que no podemos seguir aceptando medidas paliativas.
Finalmente, hay que impulsar reformas educativas con el objetivo de mejorar la educación de las áreas rurales, poniendo énfasis en la formación ocupacional y la aplicación de la tecnología, que contribuya al desarrollo integral a mediano y largo plazo, para evitar así la continua emigración de los jóvenes, adultos, padres y madres hacia las áreas urbanas.

Luis Fernando Allen Forbes