Édgar Mora: “La educación no debería estar sujeta al criterio de mayorías”
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Édgar Mora asumió el Ministerio de Educación Pública (MEP) tras la polémica sobre la aprobación del programa de Afectividad y Sexualidad Integral, un tema que estuvo en el ojo público y que generó controversia durante las pasadas elecciones.

El jerarca afirma que algunos tópicos, como el de estos casos, no deben estar sujetos a mayorías.

Además, llega a la cabeza de la cartera con más funcionarios públicos, en medio de una crisis fiscal y ante la advertencia del Estado de la Educación de que cada vez se forman más docentes en universidades privadas pero se desconoce su calidad.

Mora conversó con LA REPÚBLICA sobre este y otros temas.

Asume la cartera luego de la controversia que generó el programa de educación sexual, donde padres de familia solicitaron que sus hijos no lo reciban… ¿Qué opinión tiene al respecto?
Cualquier cosa se puede dialogar, incluso esta que ha sido álgida y exponenciada por las elecciones; pero los comicios también resolvieron esa discusión, definiendo la mayoría que era un tema que debía mantenerse en la agenda educativa y fue discutido exhaustivamente en el pacto entre Rodolfo Piza y Carlos Alvarado. Al final hubo una respuesta mayoritaria que ayudó a dilucidar a favor de en qué postura está la mayoría de la población, esa es una situación extraordinaria porque normalmente la educación no debería estar sujeta al criterio de mayorías.

¿Por qué?
Posiblemente si fuera así nunca se hubieran hecho comedores, o la matemática no se enseñaría porque la ponemos a plebiscito y los números no nos darían. Son temas que el Estado tiene que imponer porque tiene capacidad de imperio. El cómo, cuándo y de qué manera es discutible permanentemente y eso sí requiere la participación de todos.

En cuanto al presupuesto, somos de los países que destinan más a educación, pero no se refleja en resultados… ¿Qué pasa?
Las pruebas PISA revelan un nivel académico deficiente comparado con el de otros países, nosotros debemos ir para arriba; pero fuera del ámbito académico también debemos entender que esa red de 6 mil centros involucra otros temas como nutrición. Hay que considerar que la escuela y el colegio se han convertido en el tiempo no solo en un instrumento formativo, sino en una estrategia social.

Estamos en crisis fiscal, ¿se meterá de lleno en el tema de anualidades, más si usted tiene bajo su cargo la planilla más grande de funcionarios públicos?
La política laboral de empleo público es algo que el Gobierno debe conformar. Hay algo muy simbólico, me parece que todo costarricense debe saber que en el Consejo de Gobierno, nos sentamos de forma continua la Ministra de Hacienda y el de Educación. Eso tiene dos lecturas: una es que tengo el privilegio de hablar al oído a la Ministra y la otra es que ella tiene la posibilidad de golpearme la pierna y jalarme el aire. Eso es una relación normal que debemos descubrir cómo va a suceder, por supuesto con la mediación del Presidente.

El Estado de la Educación advierte que cada vez hay más universidades privadas formando educadores, pero no se tiene certeza de la calidad. ¿Qué hará en este tema?
Eso es muy serio, el 80% de los maestros y profesores viene de universidades privadas. Los sistemas de renovación de mallas curriculares de las universidades privadas debe funcionar como un reloj suizo, sin atrasos para exigir mejoras. Entre las universidades privadas hay unas profesionales y otras que no debieron haber abierto su puerta. Ahora, ¿cómo se distingue eso? No lo hace el contratista, que es el Servicio Civil, para ellos todos los títulos valen igual. Hay que propugnar por que haya equidad pero no igualdad: el que es malo, es malo y el que es bueno, bueno. En términos académicos esa diferenciación tiene que estar bien clara.

Entonces, ¿cómo se resolverá?
El Consejo Superior de Educación es el que finalmente aprueba los programas de estudio, no tiene suficientes consultores curriculares. Cuando necesita revisar el currículum que se le presenta, después de que la universidad privada haya pasado por el Conesup, que son trámites de años. Llega al Consejo para ser valorado y muchas veces debe pedir ayuda a profesionales de universidades públicas que están certificadas por Sinaes; pero ahí percibo un conflicto de interés. El Consejo tiene que tener autonomía e independencia y recursos suficientes para resolver esos problemas. Revisaremos esto porque veo un área de mejora en la que se puede operar de manera muy rápida.

Y los docentes que ya fueron contratados, ¿cómo evaluar su calidad?
El Estado los ha tratado como soldados y no como maestros. Les ha dicho vaya a 300 kilómetros lejos de su casa, cumpla órdenes, hágalo en este plazo, reporte absolutamente todo lo que hace y genere tramitología aunque no tenga lógica en el sistema, sino porque lo tiene que hacer autoritariamente. El maestro debe volver a ser creador de sus posibilidades.

En cuanto al bachillerato los sindicatos afirman que las pruebas son acumulativas y no sirven; en su caso, ¿confía en estos exámenes?
Los avalo porque encuentro un MEP que duda de sí mismo. Ojalá no tuviéramos dudas de nuestro sistema educativo y no tuviéramos que hacer pruebas diagnósticas porque esa etapa ya la superamos, pero no es así. Si el MEP duda de sí mismo ahí tiene un gran recurso para documentar su duda y lanzar nuevas hipótesis, las cuales hay que ir a descartar. Cuando la hipótesis de que el sistema es mediocre quede descartada, hablaremos de otras cosas, mientras tanto las necesitamos.

¿Cuál es el principal reto que tiene el MEP?
Hay que repensar el diseño de la red educativa. El MEP actúa como pirámide, pero una red solo funciona cuando la extiende y una que cubre un espacio. Tenemos la única red que cubre todo el país, que son escuelas y colegios; sin embargo, no la usamos como un sistema nervioso, los que comunican esa red están atrofiados: cada una se comunica con la autoridad más cercana y no entre ellas, no se produce sinergia y cuando no existe, no hay posibilidades de hacer más eficaz y eficiente el sistema. Se debe estimular la colaboración y no premiar escuelas y colegios por diferenciarse a través de un sistema de categorías.



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