Juan Manuel Villasuso

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Martes 13 Mayo, 2008

Dialéctica
¿Dónde está la diferencia?

Juan Manuel Villasuso

Durante esta semana se está celebrando en la capital de Perú la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, América Latina y el Caribe. Habrá representantes de más de 50 naciones y los dos temas principales que se discutirán serán el cambio climático y la cohesión social. Ambos de gran significado y relevancia para nuestros países.
Pero también en la reunión de Lima habrá sesiones especiales para discutir el avance de los Acuerdos de Asociación de Centroamérica y de la Comunidad Andina con la Unión Europea. Los dos procesos marchan en paralelo y ya se han celebrado tres rondas de negociación de manera casi simultánea, pero faltan definiciones indispensables.
Se ha dicho que los Acuerdos de Asociación con Europa no son únicamente tratados de libre comercio, sino que incluyen otras dimensiones importantes tales como el diálogo político y la agenda de cooperación.
Si eso es así, entonces el Acuerdo de Asociación CA-UE debe enmarcarse dentro de una estrategia de desarrollo sustentable a nivel regional a fin de propiciar relaciones comerciales basadas en el intercambio complementario, solidario y equitativo. De igual manera, debe permitir el acercamiento cultural y el fortalecimiento democrático, así como la consolidación de los mercados locales y del papel regulador de los Estados en los procesos de inserción económica internacional.
Es bien sabido que las cláusulas incorporadas en los acuerdos comerciales fijan nuevas reglas y expectativas respecto a la forma en que se toman y se implementan las decisiones de política pública, establecen nuevas restricciones y reservas a la formulación de la política económica, modifican el esquema de ganadores y perdedores entre los agentes económicos y promueve una filosofía mercantil en cuanto a lo que se entiende por desarrollo.
En consecuencia, si se quiere que sea diferente, el proceso de negociación entre la Unión Europea y los países centroamericanos requiere una visión más amplia y comprensiva que la demostrada por los especialistas en temas comerciales. Exige una óptica política que pueda dar respuesta a interrogantes fundamentales que marcan la diferencia entre lo que puede ser un tratado ortodoxo de libre comercio y un Acuerdo de Asociación.
Esas preguntas tienen que ver, al menos, con la naturaleza de la relación entre las regiones, el perfeccionamiento democrático, el desarrollo sostenible, el avance científico y tecnológico y la reducción de la pobreza y la desigualdad.
¿Sustentará el Acuerdo nuevos vínculos preferenciales y estratégicos entre las dos regiones más allá de lo alcanzado hasta el momento en el contexto del Diálogo de San José? ¿Habrá nuevos aportes en cuanto a profundización de la democracia en términos de transparencia y participación ciudadana? ¿Permitirá el convenio avances sustantivos en lo concerniente al medioambiente y el desarrollo científico y tecnológico? ¿Contribuirán los compromisos comerciales a una mejor distribución del ingreso y a la reducción de los niveles de pobreza en las naciones centroamericanas?
La forma en que se responda a estas cuestiones permitirá calificar, una vez concluida la negociación, si el Acuerdo de Asociación de la Unión Europea con Centroamérica es un auténtico instrumento de desarrollo o se trata de un CAFTA Plus que, rodeado de mayor retórica, tan solo pretende abrir mercados para beneficiar a empresarios e inversionistas, particularmente del Viejo Continente.