Diputados declarados independientes afectan a sus partidos
Víctor Morales Zapata se negó a abandonar su curul y sigue en la Asamblea Legislativa como diputado independiente. Gerson Vargas/La República.
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Los diputados que se declaran independientes y se niegan a devolver su curul, se convierten en verdaderos escollos para la imagen de los partidos políticos que representan, minando el potencial de sus fracciones para impulsar las promesas hechas al electorado.

Cada curul les cuesta a los costarricenses —solo en salarios—, ¢4 millones al mes, a lo que habría que sumarle el pago de hasta seis asesores y de todos los servicios públicos a disposición del diputado.

El caso más reciente fue Víctor Morales Zapata, diputado del PAC, quien se aferró al cargo sin importar que Luis Guillermo Solís, presidente de la República, le pidió la renuncia, incluso aduciendo transparencia “a su amigo de toda la vida”.

Morales Zapata es investigado por un supuesto caso de tráfico de influencias, en el cual habría participado para favorecer a un empresario cementero con contratos en la Comisión Nacional de Emergencias y en el Gobierno.

“Es urgente que la Asamblea tenga su propio régimen disciplinario para estos casos y que se armonice el marco jurídico, pero mucho dependerá de la seriedad de los congresistas para avanzar”, dijo Javier Cambronero, jefe de fracción del PAC, quien le ha pedido la renuncia a Morales en varias ocasiones.

El otro partido político afectado por esta situación hasta el momento, es el Movimiento Libertario, quien perdió el 25% de su representación, cuando la legisladora Carmen Quesada se declaró independiente y defensora del sindicato de Japdeva, lo cual fue un duro golpe para ese partido.

Quesada adujo diferencias ideológicas con el fundador de la bancada, Otto Guevara, quien cree que esta curul debería haber sido devuelta al partido porque ella fue electa por los costarricenses.

“Fue un duro golpe, no porque la diputada se fuera ya que ella no tenía la ideología del partido, sino porque perdimos representación a la hora de buscar acuerdos. Es necesario una reforma constitucional, que es poco probable estando en plena campaña electoral”, aseguró Guevara.

El otro caso de transfuguismo —como se le conoce a la salida de un diputado que se declara independiente— fue el de Carlos Hernández, del Frente Amplio, quien alega que el partido no le dejó defensa posible en cuanto al caso de supuesta violencia doméstica.

La rebeldía legislativa es un viejo mal en el Congreso, ya que en todos los periodos siempre hay algún diputado que deja el partido para el que fue electo y al final, no devuelve el puesto y se aferra al cargo.

Los partidos tradicionales: Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana no han perdido escaños en los últimos años.

El episodio más dramático lo vivió el PAC en 2002, cuando seis de los 14 diputados que se eligieron, dejaron el partido por una diferencia con Ottón Solís, por el uso de vehículos del Estado, para la realización de giras.

Desde entonces, los distintos partidos han venido discutiendo una reforma legal, que les garantice recobrar la curul cuando alguien se declara en rebeldía, sin embargo hasta el momento no ha sido posible.

Los diputados tienen dudas sobre cuál sería la reforma que se necesitaría, si basta con un proyecto de ley o se requiere una reforma constitucional.

 

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