Tomas Nassar

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Jueves 6 Noviembre, 2008

Vericuetos
Dime con quién andas…

Tomás Nassar

A pesar de que no coincido con ninguno de sus planteamientos políticos, al final no me parece que McCain haya sido un mal candidato, mucho menos lo que puede llamarse una mala persona o alguien sin capacidad de ejercer un cargo de semejante trascendencia.
Sus postulados de campaña, influidos en la visión del mundo de la tristemente célebre Doctrina Bush, me parecieron por lo demás peligrosos para la estabilidad global. Claro que no puedo coincidir con quienes piensan que el liderazgo de Estados Unidos se debe respaldar en su potencia militar y no en la fortaleza de sus ideales y en la preeminencia de sus valores.
La Unión Americana ha demostrado con creces, a través de los años y ha ratificado en todos los trances que ha enfrentado, que la vocación de su pueblo por la libertad, la democracia y su capacidad de crear oportunidades para quienes se atreven a enfrentar el reto de conseguir su sueño americano de progreso individual, son sus principales credenciales.
El haber obtenido alrededor del 48% de los votos ciudadanos demuestra que el Partido Republicano sigue siendo una opción para un importante número de norteamericanos. Esta es una verdad que no puede pasarse de soslayo y de la que de seguro Barack Obama está plenamente consciente.
Me pareció, eso sí, que McCain fue demasiado cándido y que incurrió en la peor falta que puede atribuírsele a quien pretende un favor electoral: no supo interpretar las aspiraciones de su propia gente.
Durante la Convención Republicana del 1° de setiembre, en Minneapolis-San Paul, el apoyo a su candidatura por parte del presidente Bush mediante un mensaje televisado fue muestra incuestionable, para los aún escépticos, de la profunda identidad de ambos dirigentes. La presencia en persona de la primera dama Laura Bush terminó de convencer a todos de ese matrimonio ideológico y de que un gobierno de McCain sería la continuación de los ocho años de la dirigencia más impopular en la historia de Estados Unidos. Ningún presidente ha entregado el poder con un 25% de popularidad.
McCain, solamente dos meses antes de las elecciones, no logró entender que ese índice de desaprobación representaba la viva voz del pueblo americano que clamaba por una patria y un mundo diferente, menos confrontativo y mucho más conciliador.
La sordera de McCain fue tan dramáticamente suicida, que a solo tres o cuatro días del 4 de noviembre, recibió gozoso la adhesión del vicepresidente Dick Cheney en vivo, en uno de los actos de su vertiginosa campaña de giras por todo el territorio.
Como si tanta inocencia fuera poca, el candidato se hizo acompañar por una compañera de fórmula elegida, dicen, sin mayor análisis ni constatación, decisión que evidentemente restó credibilidad en la bondad de una posible tercera administración republicana.
La incapacidad de McCain de tomar distancia del gobierno Bush-Cheney, lo contradictorio de su discurso, “yo no soy Bush”, pero digo y hago lo que dice y hace Bush, y el candor de creer que se puede ser bushiano sin ser ni seguir a Bush, le salió a la larga sumamente caro.
Ciertamente Mc is back. Mc is back home.
Juemialma, dijo Tío Conejo, qué tirada, me vieron con el Tío Coyote.