Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 13 Abril, 2011


Hablando Claro
Diálogo y negociación


El mismo sinsabor que nos queda tras un obligado (para ambas partes) encuentro bilateral que, entre otras razones se atrasó por el absurdo de tener que remover una malla, es el que sentimos a lo interno casi que todos los días con respecto a nuestros actores políticos.
Ayer asistimos como espectadores ciudadanos a un encuentro fronterizo donde imperaron las formas (o los formalismos) necesarios en todo caso para romper el hielo (aunque hiciera tantísimo calor) y dar un nuevo paso en la construcción de una confianza que por supuesto no existe pero que por mandato jurisdiccional y por sentido de convivencia nos impone todos los esfuerzos (muchos ciertamente infructuosos) para intentar llegar a algún lado con nuestras diferencias de siempre.
Seguramente no encontraríamos registro histórico ni de este lado ni del otro, que diera cuenta de una sola generación que no hubiera vivido en carne propia los desencuentros por límites y territorio que han caracterizado esta difícil relación. Y lamentablemente nada hace previsible que eso pueda cambiar en corto tiempo. No tenemos esperanzas de construir de manera conjunta soluciones de presente y futuro. Solo estamos obligados a ir y venir de un estrado político, diplomático y judicial al otro y en el medio cumplir con las premisas básicas de sentarse a la mesa, darse las manos y verse las caras…
Pero aunque confieso que me siento cada vez más del lado de los pesimistas me niego a aceptar que eso sea así con respecto a nosotros mismos. Sin embargo, lo cierto es que cada vez observamos más muestras de mezquindad, de cortoplacismo, de arrogancia, de falta de altruismo y carencia de adhesión a los valores de la democracia liberal en nuestra clase política y lo peor es que de ello estamos casi todos permeados. Las luchas de poder están socavando las bases de nuestra institucionalidad y los actores políticos no son capaces de deponer sus pretensiones e intereses en función de los intereses de nuestra nación.
¿Dónde quedó nuestro proyecto “país”? ¿En cuál recodo del camino perdimos nuestro norte?
Vivimos en permanente estado de sospecha, de escepticismo respecto de prácticamente todo y de casi todos. Estamos perdiendo la ilusión, la esperanza y la alegría de construir entre todos el futuro.
Ciertamente estamos parapetados en nuestros aún buenos índices de desarrollo humano, pero la verdad es que nos hemos ido quedando rezagados con respecto a nuestros propios desafíos y derroteros.
Empezamos a sentir el agobio del hastío por tanta palabrería y tan poca sustancia.
Seguramente no tendremos otro camino que seguir dialogando sin negociación con los gobernantes de al lado. Pero con toda certeza sí tenemos la obligación de avanzar en diálogo y negociación entre nosotros mismos.
Habremos de afianzar y fortalecer los cimientos de nuestra democracia sin dilación para poder generar nuevamente confianza en nuestras capacidades.
La remodelación de la casa es urgente.

Vilma Ibarra