Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 5 Octubre, 2016

Uno se acostumbra a ver la campaña electoral de  Estados Unidos con la perspectiva desde afuera, escuchando a los políticos y los periodistas hablar. Otra cosa es oír a los habitantes mismos dar sus opiniones

“Devolvernos el país”, dicen

Tuve la oportunidad de dar un discurso sobre la “migración de centroamericanos” en un almuerzo empresarial en Kentucky, en el sur de Estados Unidos, la semana antepasada. Hablé sobre la situación de los países C3 (Honduras, El Salvador y Guatemala) y las razones básicas de la emigración de tantos jóvenes; también hablé de la Cuban Adjustment Act que permite que todo cubano que pisa tierra estadounidense reciba una “tarjeta verde”.  Hablé de los extracontinentales que pasaban a la frontera sur con México al ritmo de 200 a 250 diarios.

El discurso fue bien recibido; cuando alguien me preguntó de lo que se podía hacer con el Cuban Adjustment Act le sugerí que hablara con su representante en el Congreso para que rescindiera esa legislación que ha permitido la disidencia al castrismo pasar a Norteamérica. Si todos se hubieran quedado en la isla, dije, quizás la situación política allí sería diferente.

Cuando otra persona quiso saber cómo se podría frenar la llegada de tantos centroamericanos, indiqué que se necesitaba crear más empleos; en la C3 no llega la inversión por la percepción de corrupción que tienen tantos con capacidad de crear fábricas y hoteles.

Pero después un caballero se puso de pie y dijo: “Mire, Carlos, al final de cuentas lo que nosotros queremos es que nos devuelven nuestro país. Si las cosas siguen como ahora, en 25 años seremos una minoría. Las parejas hispanas y los musulmanes tienen cuatro, cinco, seis hasta ocho hijos, mientras que nosotros solo tenemos uno o dos. Los hispanos realizan marchas donde exhiben banderas extranjeras y hasta cantan su himno nacional en coros mientras desfilan”.

Después siguieron comentarios sobre el hecho de que los inmigrantes ilegales llenaban las escuelas y colegios con sus hijos y que estaban dispuestos a trabajar por salarios por debajo de lo establecido por la ley; es cierto, algunos admitieron, que hacían trabajos que los norteamericanos no querían hacer. Trabajar en la cosecha del tabaco, del algodón, en limpiar servicios sanitarios y servir de guardas nocturnos por montos debajo del mínimo fueron algunos ejemplos de ocupaciones indeseables para estadounidenses que sí las ocupaban los extranjeros.

¡Nadie habló del tema del crimen y los inmigrantes!

Había hombres y mujeres, jóvenes y viejos entre este grupo que generalmente son propietarios de empresas o profesionales incluyendo médicos, abogados, ingenieros y educadores; todos eran educados. Lo que era definitivo, y por supuesto surgió el tema, es que sin excepción todos votarán por Donald Trump en noviembre.

Esto no implica que todos los que llegaron a escucharme sean republicanos, pero es probable tomando en cuenta que la semana después venía Ron Paul a hablarles.

Fue una experiencia muy ilustrativa; uno se acostumbra a ver la campaña electoral de  Estados Unidos con la perspectiva desde afuera, escuchando a los políticos y los periodistas hablar. Otra cosa es oír a los habitantes mismos dar sus opiniones, hablar de sus anhelos y dar sus predicciones para el futuro.

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