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Desde Pekín
Orgullos nacionalistas

Luis Alberto Muñoz
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Una agencia bancaria en Pekín resultó ser el lugar indicado para descubrir la forma en que el pueblo chino vive las olimpiadas.
Todo en la sucursal parecía transcurrir con normalidad. Sin rejas, ni sistemas de seguridad, el oficial me introdujo por señas con uno de los miles de voluntarios bilingües dispuestos por toda la ciudad.
Mientras realizaba una transacción de rutina, una celebración corta pero exhaustiva rompió el ambiente frío, típico de cualquier banco en el mundo.
En una esquina, sus empleados, aparentemente ignorando el televisor, festejaron una de las medallas de oro de China, en esta ocasión en esgrima.
Mientras el comercio en Pekín sigue su rumbo, lo común es encontrar los televisores encendidos por toda la ciudad, con la amplia cobertura de la CCTV en los más de diez canales dispuestos para las justas.
El asunto es que para la mayoría de los chinos lograr encontrar un boleto de entrada para las olimpiadas es un sueño. Una semana antes de la inauguración, los tiquetes estaban agotados y los precios de reventa pueden alcanzar entre 5 mil y 10 mil yuanes (de $750 a $1.500).
Asimismo, las actividades económicas deben seguir con normalidad, más cuando la demanda de servicios en la capital ha crecido considerablemente por razones obvias.
En todo caso, la sensación de expectativa que vive el pueblo es similar a la de Costa Rica cuando se respetaba a la selección nacional de fútbol y en el mundial todo el país estaba pendiente de su desempeño.
Para los chinos, las medallas son un asunto muy importante y sería mentir si se dijera que existe indeferencia ante la victoria o la derrota.
Cada vez que se iza la bandera roja y se entona su himno, en sus habitantes afloran los sentimientos patrióticos, que son parte medular de la educación que reciben desde niños.
Se puede decir que las Olimpiadas despiertan más que nada los orgullos nacionalistas. Es fácil ver al más de un millón de turistas, claramente identificados con camisetas, gorras u otras vestimentas de sus tierras natales.
Sin lugar a dudas, los chinos se sienten orgullosos por el desempeño de su país en dos sentidos: primero, por el buen desenlace logístico hasta el momento y segundo, por el rendimiento de sus deportistas.
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