Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 23 Septiembre, 2009


Hablando Claro
Democracias a prueba

Solo en 2008 los países suramericanos gastaron más de $50 mil millones en la carrera armamentista. Por cierto, algunos expertos aducen que es exagerado denominar así a esta fiebre bélica inexplicable y paradójica. Eduardo Velosa, de la Universidad Javeriana de Bogotá, asegura que “estos movimientos corresponden a la adaptación a los nuevos desafíos de la seguridad en términos regionales”. Nada más.
Para el limitadísimo estándar de compresión de una total desconocedora de la materia (como el 99,9% de los costarricenses) eso suena más a una frase muy bien elaborada.
Lo cierto es que independientemente de cómo se entienda la afirmación, todos los países al sur del Darién —excepción hecha de Uruguay— argumentan poderosas razones de estrategia geopolítica interna y regional para proceder con un gasto que, no importa por donde se le mire, solo arroja saldos negativos cuando se confronta con la terrible realidad de que 200 millones de hermanos latinoamericanos viven con menos de $2 diarios.

La edición #79 de la revista colombiana Poder da cuenta en un prolijo informe (www.poder360.com) que solo entre 2007 y 2008 el incremento en el gasto militar de nueve países del sur, aumentó en un 30%. Y el aumento total del último lustro fue de más del 50%. Claramente algo grave está cambiando en la región cuando frente a nuestros ojos aparece una enorme y real amenaza de confrontaciones armadas que no solo creíamos sepultadas con el fin de la guerra fría, sino que de acuerdo con el analista político costarricense Carlos Murillo (edición 16 de la versión local de la revista Poder) nos hace pensar que tal vez “tengan razón los teóricos neorrealistas de que el sistema internacional siempre requiere la guerra para lograr su estabilidad y la consolidación de un nuevo orden internacional”.
¿Será que debemos aceptar que para defender la paz hay que estar armados hasta los dientes? En todo caso, lo cierto es que Suramérica crea y alimenta desde la retórica enemigos y amenazas para justificar los absurdos gastos militares, sea para complacer egos de potencia, cumplir “políticamente” con el statu quo de los poderes militares o simplemente “adaptarse a los nuevos desafíos de la seguridad”.
Más allá de estas y otras consideraciones las fuertes desavenencias políticas han ido dando paso a incuestionables tensiones militares que sí ponen en jaque la seguridad regional. Los gobernantes suramericanos insisten en dividirse. O como bien dijo el presidente Arias en la alocución de Independencia, insisten en caminar entre las sombras propiciando la confrontación en lugar de la cooperación, cosechando enemistades en lugar de forjando alianzas de desarrollo; fortaleciendo ejércitos y no alimentando niños.
En fin, una receta para aniquilar las democracias mediante la vía del incumplimiento de las necesidades y expectativas de esos 200 millones de pobres latinoamericanos.
La ceguera total.