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“Cuando un gobierno excede sus potestades, en el contexto de una democracia sólida, como es el caso de la costarricense, el gobernante de turno corre el riesgo de ver afectados en el mediano plazo sus objetivos”


Democracia: un sistema de pesos y contrapesos

“El mayor peligro de los gobiernos, es gobernar demasiado”.
Esa frase atribuida al Conde de Mirabeu, político, revolucionario y pensador francés de mediados del siglo XVIII, es particularmente cierta, cuando se trata de describir el desgaste propio de una administración tras varios años de ejercer el poder.
Sin embargo, esta no es su única interpretación, pues también es cierto que cuando un gobierno excede sus potestades, en el contexto de una democracia sólida, como es el caso de la costarricense, el gobernante de turno corre el riesgo de ver afectados en el mediano plazo sus objetivos.
Ejecutar una serie de decisiones irrespetando la legalidad y el sistema de pesos y contrapesos de una democracia moderna, se traduce irremediablemente en ingobernabilidad.
Este último caso, es, lamentablemente, lo que la oposición en el Congreso cree que está pasando en el país.
Dos decisiones recientes del presidente Luis Guillermo Solís, tienen en estos momentos en cuidados intensivos las relaciones entre el Poder Ejecutivo y Cuesta de Moras.
Nos referimos por supuesto, al levantamiento del veto a la reforma procesal laboral y a la aprobación del presupuesto por ¢7,9 billones para 2015.
Aunque en principio ambos actos fueron investidos con un barniz de legalidad, lo cierto del caso, es que la interpretación de la ley tan sui géneris que hizo el mandatario, nos pone a pensar si a final de cuentas Solís está viendo el árbol o el bosque.
Legisladores del PUSC, el PLN, el Movimiento Libertario y Alianza Demócrata Cristiana, entre otros, ya palpan a estas alturas la posibilidad de conformar una alianza de oposición para tomar el control del Directorio Legislativo en mayo.
Esto, ante las promesas incumplidas de Solís y ante el temor de que el mandatario siga gobernando al filo de la navaja, como lo ha venido haciendo hasta el momento.
De concretarse los planes de la oposición, la administración Solís tendría que bailar ahora sí, con la más fea.
En el segundo año de su gobierno, en el que supuestamente se alcanzan los mayores logros, el Presidente tendría que impulsar proyectos vitales para el bienestar colectivo, como la ley de empleo público, la ley integral de pensiones y por supuesto los planes fiscales, en el contexto de un Parlamento claramente en contra, con otros intereses y preocupaciones por delante.
Claramente las cartas no están echadas aún y muchas cosas pueden suceder de aquí a la renovación del Directorio.
Para recuperar la confianza de la mayoría de los actores políticos, en los meses siguientes, Solís debe demostrar a la oposición que sí desea recortar el gasto y poner en cintura al sector estatal. Asimismo, debe procurar llevar a buen término las negociaciones de las convenciones colectivas y dar el banderazo de salida de APM Terminals, entre otras cosas.
A final de cuentas, el gobernar también implica hacer acrobacias como un funambulista y ahí es donde verdaderamente radica la pericia del Presidente.



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