Enviar
Viernes 14 Marzo, 2014

La gente que dejó sus banderas para sumarse al otrora “victorioso” candidato, son todavía más perdedores que el mismo Araya y el PLN


Del PLN y sus perdedores

Vamos camino a la segunda ronda del 6 de abril, y luego del 5 de marzo los eventos no dejan de sorprender, superándose a sí mismos, en particular cuando observamos la crisis en la que entró el PLN luego de que su candidato anunciara que “cesa la campaña”.
No es la primera vez que sucede un evento similar.
Hubo renuncias relevantes en el siglo XX y en este siglo en la campaña de 2010 el candidato del partido Alianza Patriótica, Rolando Araya Monge, hermano del candidato silente del PLN, también cesó el proselitismo. Evento que por lo reducido de su caudal electoral no tuvo mayor relevancia.
El año anterior, el PUSC, a pocos días de dar inicio la campaña, sufrió un golpe al darse la renuncia del entonces candidato Rodolfo Hernández, quien había sido escogido en una convención abierta en la que participaron cerca de 150 mil votantes.
Araya Monge logró su candidatura por el retiro de sus contrincantes en la precampaña, evitándose el desgaste que implicaba ir a una convención interna.
Luego de un resultado no esperado el 2 de febrero, y de un humillante segundo lugar, el ex Alcalde de San José, anunció que por motivos financieros, y alegando poner la patria primero, se retiraba de la contienda, no renunciando a su candidatura pues es legalmente imposible.
Sean atendibles o no las razones expuestas por el candidato verdiblanco, es prudente hacer otras valoraciones:
Quien aspira a la Presidencia de la República, aspira a ser el líder de una nación, y es a quien le corresponde dirigirla en momentos de crisis.
Debe tener cualidades particulares, pues las presiones a las que se ve sometido en el ejercicio del cargo son muchas y de variada índole.
Su nombre es de escrutinio público, y adquiere una responsabilidad con sus seguidores, pues inspira a muchos que deciden colaborar en diferentes trincheras del engranaje que implica una campaña.
Cuando se llega a ese punto, los candidatos ya no se deben a sí mismos, sino que se deben a aquellos que creen en sus propuestas, a quienes les toman cariño y a quienes motivan y se preparan para eventualmente administrar el país.
El candidato Johnny Araya, a pesar de no haber tenido el éxito esperado en la primera ronda, asumió una responsabilidad no solo con su partido, sino con los más de 465 mil ciudadanos que le confiaron su voto. Casi un tercio de los electores.
Tomar una decisión como la que anunció el Miércoles de Ceniza, es un acto de traición para aquellos que le concedieron el honor de colocarlo entre las dos formulas que pasaron a la etapa siguiente.
Araya Monge hoy se perfila como un gran perdedor, una persona que nunca estuvo realmente capacitada para el cargo al que aspiraba. No era contratable.
Luis Fishman, Patricia Pérez, los diputados del PASE y la gente que dejó sus banderas para sumarse al otrora “victorioso” candidato, son todavía más perdedores que el mismo Araya y el PLN.

Luis Alejandro Álvarez

Abogado