Nuria Marín

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Lunes 19 Julio, 2010


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De visita en Montenegro

La República de Montenegro vive una interesante transición luego de su independencia de Serbia en junio del 2006. Este pequeño país, uno de los más pobres de Europa, de poco menos de 14 mil kilómetros cuadrados y cercano a los 700 mil habitantes, ha demostrado con ejemplar temple cómo se puede dejar atrás un cruento y sanguinario pasado de guerras, rencores, divisiones y atrocidades.
Pese a ser, junto a Kósovo, una de las últimas páginas de un triste y explosivo desmembramiento de la otrora República Federal Socialista de Yugoslavia fruto de uno de los peores genocidios, escoge forjarse un futuro democrático, de paz y búsqueda de la prosperidad como Estado independiente.
Con pocos años de existencia, ha sido admirable la agresividad de un pueblo que en sus primeros pasos logra ejemplares niveles de crecimiento (8,6% en el 2006 y 10,7% en 2007), así como una bien orquestada campaña publicitaria para promoverse como uno de los destinos turísticos favoritos de Europa.
Montenegro, al igual que Costa Rica, cuenta con ricas y exuberantes bellezas naturales, en especial kilómetros de playa que tocan a un impresionante Adriático azul. Ayuda además, el uso del euro como moneda de curso, el ser un destino de bajo costo, su amable gente, así como el contar con una deliciosa oferta culinaria.
Resulta revelador como estas tierras montenegrinas son escogidas como exótica locación en una de las películas más recientes de James Bond, Casino Royale (aunque paradójicamente las tomas no fueran realizadas en ese país), así como la instalación de un Hotel Aman icono de exigencia y excelencia en la escogencia de sus ubicaciones y su incomparable servicio.
En contraste resulta imperdonable que teniendo una campaña millonaria al aire, el país no está a la altura de hacerle frente a las exigencias de un mercado cada vez más sofisticado, demandante y exigente en calidad.
Podgorica, ciudad capital, con sus viejos y poco invitadores edificios de la época socialista, unida a las deficiencias en idiomas y la implementación mínima de servicio de primer nivel en áreas estratégicas como el aeropuerto, hoteles y restaurantes le restan atractivo y podrían arriesgar su sostenibilidad como destino turístico.
Los embates de la crisis financiera, así como de la más reciente de deuda provocada por la vecina Grecia, se convierten además en importantes amenazas ante la baja en “commodities” estratégicos como el aluminio (40% del PIB), la disminución de turistas y la paralización de la incipiente pero pujante inversión inmobiliaria de los últimos años.
Con empatía de país pequeño y por el futuro de la paz en unos históricamente convulsos Balcanes esperamos que todas y cada una de las repúblicas de la antigua Yugoslavia encuentren un camino a la reconciliación, al crecimiento, la estabilidad y prosperidad todos elementos claves para evitar en el futuro nuevos derramamientos de sangre y dolor. Crucial será la apertura a la integración de parte de la Unión Europea.

Nuria Marín Raventós