Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 5 Agosto, 2009


Hablando Claro
De no acabar…

La interminable saga de la platina ha dejado al descubierto una y otra vez la indescriptible incapacidad de algunos sectores de la gestión y la administración de asuntos y cosas públicas. Claro que no puedo evitar insistir en la posibilidad de que tras todo este desaguisado haya una conspiración, por lo demás muy efectiva, para desviar nuestra atención de otros asuntos nacionales de carácter sustantivo.
Es increíble. La platina ha dado para todo y ha llegado a colmar muchos espacios de conversación y hasta de entretenimiento. Y como si todo esto no fuera suficiente, hasta se ha echado mano de la manifiesta incapacidad para acometer con éxito la reparación, como argumento y gancho de la campaña electoral.
Para uno que madruga, Otto que no se acuesta…

En cualquier caso —insistimos— debemos dar gracias a la Providencia que las acciones contra la influenza pandémica discurran por los canales del acierto y la seriedad que son propias de la Ministra de Salud y su equipo de trabajo. En este esfuerzo y con el liderazgo, conocimiento y expertiz de nuestras autoridades, estamos respondiendo a la altura de las circunstancias frente al mayúsculo reto. ¿Se imagina usted lo que estaríamos padeciendo si este tema fuera manejado en la cartera de al lado?
El tema es que por todas las razones de conveniencia nacional (léase tiempo y presupuesto de los conductores y los contribuyentes todos, estrategias de campaña y hasta posibles dimisiones y renuncias forzadas que aún no se vislumbran, a no ser del hilo más delgado) lo que suceda con el desenlace de la platina nos tiene con el alma en vilo: si la soldadura sirve finalmente, si se vuelve a desprender, si chilla o se mueve o si se sacude el horrendo vendaje de cemento con que intentaron sin éxito aniquilarla el último fin de semana, lo que suceda será acontecimiento noticioso. Y cuando esto termine con más pena que gloria, por supuesto, habremos de entretenernos con otro cuento sobre nuestras probabas incapacidades…
Eso sí, que a nadie se le ocurra aprovechar el tema para hablar de lo urgente que resulta que la empresa privada se encargue de los asuntos y tareas que le son propios, particularmente en materia de infraestructura. Porque eso sería atentar contra las bondades de un estado al que pretendemos continuar mirándolo como lo que no es. Por eso no faltara quien crea que todo el cuento de la platina es un ardid de los adalides de la privatización…