Shirley Saborío

Shirley Saborío

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Jueves 7 Septiembre, 2017

De generalizaciones y otros demonios

Shirley Saborío M.
Vicepresidente ejecutiva
Consejo de Promoción de la Competitividad

Las noticias de los últimos días nos dejan un amargo sabor de boca. Pasamos del tráfico de personas, al crimen organizado, las narcobandas, los accidentes, las estafas, el tráfico de influencias y, muchas otros temas que sin duda afectan el ánimo de las personas. Por suerte, hubo partidos de la Selección Nacional y sus resultados son muy alentadores.

La decisión de dejar de ver noticias, o de cerrar los ojos a la realidad, no parece ser la opción para muchos. Tampoco satanizar todo y caer en desánimo absoluto.

En este sentido, hay que tener cuidado con las expectativas y más aún, con las generalizaciones. Cuando creemos que vamos a lograr la clasificación al mundial faltando dos partidos para cerrar la eliminatoria, es válido y se justifica; lo que debemos evitar es caer en pesimismo absoluto cuando no pasa exactamente lo que esperábamos. Si los jugadores se dejan embriagar por el amargo sabor de boca, de seguro no lograrán el objetivo final.

Este comportamiento tan humano, es de cuidado supremo en economía. Cuando las expectativas son favorables; es decir, cuando creemos que la economía está muy bien, los productores y empresarios, y los consumidores nos comportamos de forma tal que hace que la “aguja” se mueva. Se produce más, se consume más, se contrata más gente, se vende más, y se crea un círculo virtuoso. Más ventas es más recaudación de impuestos, es más empleo y en consecuencia más consumo e inversión. Pero lo contrario también es cierto.

Cuando todos creemos que la situación está mal y será peor, nos comportamos de forma racional para enfrentar esa realidad. Los consumidores compramos menos esperando tiempos difíciles, las empresas venden menos y retrasan inversiones, el gobierno recauda menos, se contrata menos gente o se prescinde de los servicios de algunos, y de nuevo, entramos en una vorágine peligrosa. Y entonces, lo que creíamos que iba a suceder, efectivamente sucede.

Comento lo anterior, porque de acuerdo con las noticias de los últimos días, creo que es absolutamente deseable y necesario que haya procesos de investigación cuando los casos lo ameriten, en particular si se trata de dineros públicos. Pero los procesos de investigación no son juicios a priori, pero sí es un insumo fundamental para lograr esclarecer la verdad de lo sucedido. Y en ese sentido, tanto las investigaciones de los medios de comunicación, como de las fracciones políticas son importantes, y más aún, las judiciales cuando haya una demanda formal.

Lo que me parece que debemos tener cuidado es en satanizarlo todo, en las generalizaciones que no ayudan. Por muchos años, la palabra empresario ha sido utilizado por muchos, como sinónimo de ladrón o delincuente. Y quizá porque se han comprobado algunos casos, pero estoy segura de que por cada historia negativa hay cien de gente honesta que con trabajo y dedicación escriben historias de éxito.

Lo que este país necesita son cada vez más y mejores empresarios, personas que quieran arriesgar su tranquilidad y su confort, para crear empresas que generen no solo empleo, sino mayores beneficios para este gran país cuya riqueza proviene esencialmente de la actividad del sector privado.

Siempre habrá historias de personas que no hicieron bien la tarea empresarial, o política, o gubernamental, por citar algunas. Pero no por ello, dejamos de elegir a nuestros representantes cada cuatro años, por el desánimo de creer que todos son iguales y que no vale la pena ir a las urnas.

Cuando escuchamos que cualquier empresario que se reúna con un jerarca es corrupto, y más aún el jerarca que lo recibe; es realmente preocupante. Lo que no se vale es pedir favores o gestionar excepciones. Por supuesto que no. Pero conversar con las autoridades para exponer situaciones específicas que afectan la competitividad país en diversos temas, es válido y deseable. Las autoridades conocen de su labor, pero quienes se enfrentan a todos los trámites, son quienes los padecen.

En mi experiencia, muchas veces nos enfrentamos a respuestas como “desconocía que ese requisito ya lo estaba pidiendo tal entidad”, de manera que el contacto permanente de los hacedores de la política pública con los dolientes es deseable para promover formalidad, transparentar procesos y disminuir los requisitos innecesarios. No se trata de favores, ni de prebendas; tampoco de excepciones y coimas. Se trata de conversar, de tener respuestas oportunas a los administrados, de no perder el contacto con la realidad, y de poder contribuir de manera colegiada en el desarrollo de este gran país, que a veces parece que lo único que nos hace unirnos y soñar con días mejores es la Selección Nacional.