Arnoldo Mora

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Viernes 3 Abril, 2009

Daniel Gallegos y la novela histórica

Arnoldo Mora

El próximo domingo comenzará la Semana Santa que, en el calendario de la liturgia católica y en la religiosidad popular, constituye la celebración más importante del año. La razón para ello es doble: desde el punto de vista histórico, se trata de revivir los últimos y dramáticos días del fundador del cristianismo; pero, desde el punto de vista de la fe, se trata de sumergirse en la meditación del misterio de la Redención que, junto al de la Encarnación que se celebra en Navidad, configuran los dos pilares fundamentales del credo cristiano.
Por desgracia, una de las aberraciones mayores perpetradas por la frívola y deshumanizante sociedad de consumo, ha sido la de convertir estas bellas y hondas celebraciones en simples periodos de vacaciones, donde el dios Baco impera más que el Dios de Jesucristo. Sin embargo y, dado el proceso de secularización que cada día se generaliza en el mundo occidental, más y más gente se resiste a aceptar una u otra alternativa y prefiere destinar esta semana a la reflexión y la lectura. A quienes siguen fieles a la tradición religiosa, les deseo que revivan sus convicciones a la luz de las fuentes originales de su fe cristiana. A quienes les cueste resistir a las tentaciones del consumismo, me permito recordarles que deben evitar los excesos.
Pero hoy me tomo la libertad de dirigirme a quienes buscan en la lectura un refugio para cultivar su espíritu. Para ellos, en particular, quisiera aconsejarles un libro. Se trata de una excelente novela histórica. Me refiero a la obra Los Días que fueron del escritor nacional Daniel Gallegos Troyo (Alfaguara, San José, 2008). Es de destacar que esta novela viene a unirse a ese grupo de maravillosas novelas históricas que se han escrito en nuestro país en los últimos años gracias, sobre todo, a plumas consagradas, tales como las de Tatiana Lobo, Julieta Pinto y Ana Cristina Rossi.
Daniel Gallegos es uno de nuestros mejores dramaturgos. Pero en los últimos años ha dejado la creación teatral para dedicarse a la narración, donde ha cosechado un éxito no menor. De su pluma han salido novelas premiadas, pero de carácter intimista y autobiográfico. La que hoy nos entrega responde al subgénero histórico, si bien conserva el carácter biográfico que, en la segunda parte, linda con lo autobiográfico, pues allí se narra la infancia de su madre, lo que le imprime también un tono intimista. La obra consta de dos partes. La primera tiene como personaje principal al abuelo materno y describe los grandes acontecimientos de la historia nacional durante el siglo XIX. La segunda se centra en su familia materna en torno a la infancia de su madre, en un ambiente propio del Cartago de inicios del siglo XX.
La prosa de Gallegos es directa y contrasta con la tradición barroca que ha caracterizado a la gran narrativa latinoamericana. Por el contrario, la escritura de Daniel delata la influencia de novelistas norteamericanos como Hemingway. Gallegos hace gala de una prosa sobria y elegante, lo que permite al lector disfrutar de una narración fluida y amena cercana a la crónica histórica. Los personajes están muy bien perfilados y la trama desemboca en una atmósfera de hondo dramatismo, que se convierte en una especie de colofón de una obra que, estoy seguro, ningún lector querrá dejar de sus manos sin haberla terminado.