Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 1 Julio, 2013

No soy crítica teatral sin embargo, a veces, algún espectáculo me emociona y decido dedicarle mi columna. Ese es el caso de “Cuerpo de prueba” dirigido por Fernando Vinocour


Cuerpo de prueba

No soy crítica teatral y —como reza una antigua canción de ronda— “ni lo quiero ser, porque los críticos de teatro se echan a perder”. Sin embargo, a veces, algún espectáculo de mis colegas me emociona particularmente y decido dedicarle mi columna. Ese es el caso de “Cuerpo de prueba” dirigido por Fernando Vinocour.
Fernando, actor, profesor y director, ha dedicado toda su vida a la experimentación. Inició su labor en el Teatro Carpa, participó en el grupo La Trama y en 1992 fundó junto con otros compañeros el Núcleo de Experimentación Teatral (NET). Siempre investigando diversos lenguajes teatrales y explorando en todos los campos de la producción escénica, Fernando ha realizado muchísimos montajes. Su trabajo puede gustar o no, pero siempre ha sido serio, creativo, pero sobre todo, consecuente. Creo que esa es la palabra que mejor lo define como profesional del teatro. Desde muy joven definió su camino y no se apartó del mismo.
Actualmente Fernando tiene en escena su última creación en el Teatro de la Aduana, “Cuerpo de prueba”. Se trata de dos textos de Daniel Veronese: “La terrible opresión de los gestos magnánimos” y “Unos viajeros se mueren”.
Veronese es un consagrado dramaturgo y director teatral argentino, creador del grupo “El Periférico de objetos”, un referente del teatro de objetos a partir de la década de los noventa.
La buena dupla de Vinocour y Veronese, contemporáneos latinoamericanos dedicados a la experimentación, se nota en una puesta en escena donde la escenografía de Johnny Álvarez es funcional, armónica, muy atractiva y provoca vértigo en el espectador; el diseño de luces de Randall Moya resalta el espacio escénico y crea atmósferas emocionales que acompañan los sucesos, y el vestuario de Rolo Trejos completa la creación de cada personaje con belleza y dramatismo.
El casting es perfecto; el maquillaje acentúa las facciones de los actores; la banda sonora enfatiza los momentos de clímax y el diseño de movimiento es preciso e impactante.
Con un elenco muy bien dirigido cabe destacar las interpretaciones de cuatro excelentes actrices, de edades diversas, todas premiadas con justicia en otras ocasiones. Natalia Arias construye un personaje aterrador y demuestra, de nuevo, su excelente expresión corporal. Andrea Oriza aporta belleza y sutiles matices en su interpretación de Paulina. La sensualidad y el aplomo de Ana Clara Carranza provocan sentimientos encontrados en el papel de la mujer amada. De Anabelle Ulloa, qué se puede decir luego de tantas décadas de regalarnos personajes inolvidables, bordados con talento y simpatía.
Esta vez la Compañía Nacional de Teatro ha acertado al escoger un texto de un autor latinoamericano destacado y contemporáneo, confiándolo a un director nacional de gran trayectoria en la escena experimental. Fernando Vinocour nos ofrece un espectáculo que demuestra su madurez artística. Vale la pena apreciar su trabajo.

Claudia Barrionuevo

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