Pedro Oller

Pedro Oller

Enviar
Martes 13 Marzo, 2012


¡Cuánta locura!


Conocí de don Juan Roig y la empresa de su familia, Mercadona, por una de mis primeras visitas a España. Don Juan es hijo de empresarios (dos, en plural y con especial atención a la madre) quienes se dedicaban al negocio de las carnicerías en Valencia. Es con él que la empresa trasciende al campo de los supermercados y crece de forma exponencial hasta convertirlo en el quinto hombre más acaudalado de España, según Forbes.
Como dice la revista Tiempo ha sido de quienes más se enriquecen con la crisis. Explicar cómo logra crecer un 11% en el peor año de la historia reciente de la economía española, me absorbe. También su claridad de idea. Juan Roig no concede entrevistas, es un tipo introvertido según me cuentan.
Sin embargo, entiende bien su papel, sus responsabilidades y obligaciones. Se presenta puntual a las asambleas de socios de quienes han invertido en Mercadona y desde ahí, elucubra sobre la realidad que vivimos todos, en estos tiempos. Le cito:
“Hay mucho dinero que acaba tirándose por las alcantarillas”. “Yo no creo en los recortes, yo creo que hay que quitar lo que no añade valor a los españoles, no recortar por recortar. Pero sí hay que frenar el derroche. España es un país de derroche y tenemos que frenarlo”.
“Hay que tomar medidas para incrementar la productividad aunque sean impopulares y molestas. El sector privado las tomó porque las tomas o te barre el mercado y suspendes pagos. El sector público empezó a tomar medidas tímidamente en 2011 y en 2012 se están empezando a tomar más, no todas las que hacen falta, esperemos que continúen tomando”.
“Cada uno de los españoles (¿costarricenses?) tiene que preguntarse qué puede hacer por España (Costa Rica). La crisis durará más o menos años dependiendo de si los españoles (costarricenses) cambiamos nuestra actitud y pensamos más en nuestros deberes y menos en nuestros derechos”.
La pregunta que sigue es: ¿Suena y resuena? Aunque sea por aproximación debemos considerar las valoraciones de don Juan en Costa Rica también. Porque aquí también vivimos las ExpoDerroche: “Besos, ternura, que derroche de amor, cuanta locura.
Que no acabe esta noche, ni esta luna de abril (marzo), para entrar en el cielo, no es preciso morir…”.
El Presidente de la Corte Suprema de Justicia me honra en tres partes, quizás demasiado. Primero porque responde mi escrito titulado Involucrarse. Segundo, porque al hacerlo me entero que me lee y que además, le inquieto intelectualmente. También por la llamada que me hizo a propósito del tema. Leí con detenimiento su argumentación y me perdí al confrontarla con mi escrito. Nos encontramos con Benedetti y, don Mario ya fallecido no puede ayudarnos. En cualquier caso le pido disculpas, como lo hice al teléfono, si lo dicho lo ha ofendido o incomodado.
Espero que sigamos intercambiando impresiones. Ha abierto una puerta que no merece cierre. Para que no tenga razón el colega que me sentenció, “te le metiste al tren.” Para no querernos con desgana, para no salvarnos ahora, para no salvarnos nunca.

Pedro Oller