Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 8 Junio, 2016

 Necesitamos un líder que se comprometa con nuestras señas de identidad, que no le tenga miedo al cambio, ni rehúya echarse algunos pulsos necesarios, pero que sepa encontrar acuerdos para desenclochar nuestro país

¿Cuál tipo de líder necesitamos?

“Dadme un líder”, pedía Thomas Carlyle hace cerca de 200 años. “Lo que se necesita ahora es un líder fuerte, con mayoría absoluta en la Asamblea”, dijo recientemente Carlos Denton.
Y aunque creo que también debemos afrontar un diseño político e institucional oxidado, estoy de acuerdo en que necesitamos un líder que conozca “las posibilidades, las tendencias, lo que está implícito en el destino de cada hora” (Uslar Pietri sobre Justiniano).
La pregunta, sin embargo, no es si necesitamos un líder. La pregunta correcta es: ¿Cuál tipo de líder queremos y cuál necesitamos?
¿Queremos un líder tipo Luis XIV, para volver a un pasado absolutista o a un bipartidismo ilusorio, donde las minorías no tenían derechos y donde se podían cerrar y repartir instituciones a golpe de decretos?
¿Queremos uno tipo Robespierre, el revolucionario radical que terminó guillotinado y destruyéndolo todo en el altar del moralismo extremo?
¿Queremos uno tipo Napoleón (o un Chávez) que empiece de revolucionario y termine instituyéndose en emperador autoritario?
¿Queremos un Flautista de Hamelín? Ustedes recuerdan el cuento: El pueblo de Hamelín cuando no pudo enfrentar la plaga de ratas, buscó al Flautista quien las ahogara en el río. Pero cuando aquel exigió la recompensa, se la negaron y terminó ahogando a los niños del pueblo.
Este país no necesita ninguno de ellos, ni tampoco demagogos de nuevo cuño. En la antigua Atenas, por cierto, se condenaba al líder que convenciera al pueblo de tomar una mala decisión… Ya que no podía condenarse al propio pueblo por seguirlo, se condenaba al demagogo. No está mal la idea, pero no parece viable en nuestro país.
Menos aún necesitamos líderes mesiánicos (los venezolanos nos pueden contar su experiencia chavista), ni líderes antisistema, ni líderes ingenuos (sobre su ingenuidad, cabalgará mi maldad, recordaba Edmundo en el Rey Lear de Shakespeare).
Por el contrario, lo que necesitamos es un líder capaz de encontrar acuerdos imperfectos y graduales, pero realizables. Capaz de devolverle la esperanza al pueblo, de construir, de multiplicar los servicios de salud o educación y de equilibrar las finanzas públicas (estirarse hasta donde alcance la cobija). De combatir la pobreza, la criminalidad y apoyar a los emprendedores.
Un líder que promueva el diálogo democrático: que no incendie este país con propuestas radicales que asustan a empleados públicos y a empresarios.
Lo que necesitamos es un líder que sepa lo que se puede y lo que se debe hacer, ahora y en los próximos años, desde el Gobierno por Costa Rica. No en un mundo ideal ni con mayorías ilusorias, sino con las que el pueblo quiera darle al Gobierno. Que sepa lo que se puede hacer con una Asamblea dividida. Con un despelote institucional y con una administración endeudada, entrabada y “sobrerregulada”.
Necesitamos un líder que se comprometa con nuestras señas de identidad, que no le tenga miedo al cambio, ni rehúya echarse algunos pulsos necesarios, pero que sepa encontrar acuerdos para desenclochar nuestro país.

Rodolfo E. Piza Rocafort