Fred Blaser

Fred Blaser

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Martes 20 Octubre, 2009


Crucitas: demasiado riesgo, insuficiente dinero


¿Estamos dispuestos a contaminar por dinero?
Por supuesto que sí, siempre y cuando el beneficio económico percibido por un proyecto sea mayor que el costo ambiental que se espera, y es precisamente por eso que la propuesta de la mina de oro Crucitas no debe seguir adelante, a menos que sea reestructurada.
Según los planes actuales, el proyecto crearía puestos de trabajo y ofrecería otros beneficios en las comunidades en que se encuentra.
Pero a nivel nacional, la mina pagaría impuestos anuales por no más de $10 millones, en un país donde el año pasado el sector público tuvo ingresos por cerca de $5 mil millones.
A cambio de esta contribución insignificativa, Costa Rica asumiría el riesgo de daños ambientales potencialmente graves.
El principal problema es que durante su vida útil, estimada en diez años, la mina generará más de 20 millones de toneladas de material de desecho, incluidos los sulfatos.
Cuando los sulfatos entran en contacto con el aire y el agua, se convierten en ácido sulfúrico, sustancia altamente tóxica.
Para evitar que el aire llegue hasta esos residuos, el plan de Industrias Infinito, la empresa detrás del proyecto, es de hundirlos en un lago artificial.
Pero nada dura para siempre, ni siquiera las formaciones geológicas, y la probabilidad es mayor que cero de que en algún momento —incluido un tiempo en que la gente todavía viva cerca de la antigua mina— la laguna desaparezca, como consecuencia de un terremoto, porque los ríos que la alimentan se sequen, u otra razón.
Una vez expuestos al aire, así como a la lluvia, los sulfatos comenzarían a transformarse en ácidos, lo que podría dañar de manera significativa las tierras de cultivo y los bosques circundantes, junto con los cursos de agua cercanos.
Infinito dice que incluso en este caso, el daño sería modesto, ya que los residuos también contienen carbonatos, que absorben el ácido sulfúrico, y que en cualquier caso, el ácido se formaría solo en la capa superior de los desechos, que luego sellaría el resto de ellos.
Nadie puede predecir con exactitud cuánto daño se produciría en este caso.
Sin embargo, el estudio de impacto ambiental de la propia empresa reconoce que los niveles de carbonato en los residuos serían bajos —o sea que no se neutralizarían muchos de los sulfatos de esta manera— y que el proyecto, por cierto, podría crear problemas de drenaje ácido.
Una solución al problema consiste en olvidarse del plan del lago y que a cambio se entierren los residuos, finalmente cubriéndolos con tierra, en la que crecería la vegetación, procurando así la restauración de la propiedad a su condición natural.
Esta opción cuesta más que el hundimiento de los materiales de desecho en el agua.
Pero dinero habría.
A los precios actuales del oro, así como los costos de producción, Industrias Infinito esperaría que el proyecto genere utilidades antes de impuestos de alrededor de $700 millones durante la vida del proyecto.
Si la empresa quiere el oro de Crucitas, que utilice parte de esas utilidades en un sistema de gestión de residuos, que afronte con eficacia el principal problema de la mina.
Un país puede aceptar un grado de riesgo ambiental, a cambio de un beneficio económico razonable.
Por una insignificativa contribución a los ingresos del sector público, Costa Rica no debería correr nada más que un riesgo igualmente insignificativo.

Fred Blaser
Presidente
República Media Group