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Jueves, 29 de febrero de 2024



COLUMNISTAS


Creyentes y ciudadanos ante las nuevas tecnologías de comunicación

Miguel Angel Rodríguez marodrige@gmail.com | Lunes 05 febrero, 2024


El Obispo de Ciudad Quesada Monseñor José Manuel Garita publicó su IX Carta Pastoral que expresamente señala tiene por objetivo “iluminar la vida del creyente en medio de un mundo plagado de nuevas tecnologías, inteligencia artificial y una comunicación que necesita de belleza, bondad y verdad”.

La Carta del Obispo Garita -que muy apropiadamente la titula “En tu nombre echaré las redes”- es sin duda de gran importancia para el comportamiento de católicos y en general cristianos, en está época en que la comunicación entre las personas experimenta la enorme transformación que significan las redes sociales como Facebook, X (antes Twitter) y TikTok y los sistemas de mensajería instantánea como WhatsApp, Messenger y WeChat. Esta transformación de las comunicaciones abre extraordinarias posibilidades para la evangelización. Pero a la vez las abre para la confusión, el engaño y el error.

Si no se aprovechan para el bien quedan a disposición del mal.

Esta realidad que el Obispo Garita con una cuidadosa elaboración desarrolla también se aplica para la conducción de la vida política, y para el manejo de las decisiones sociales.

Me permito utilizar las buenas enseñanzas de esta Carta Pastoral para plantearlas con relación a la comunicación política y social.

Monseñor Garita nos indica a los católicos: “nosotros estamos llamados hoy en día a hablar de Dios y a comunicar su propuesta salvífica, pues “Dios quiere que todos los hombres se salven lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2, 4). No podemos quedar indiferentes, ni mucho menos inmóviles, de frente a esta gran verdad y responsabilidad.”

De manera similar, aunque con mucho menor trascendencia de la que tiene para los creyentes, es la obligación de los ciudadanos de participar en la vida pública, contribuir a la determinación del bien común, participar en las votaciones nacionales y locales y cumplir con excelencia sus obligaciones sociales, pues la conducción de la nación y de la comunidad es responsabilidad de todos en una democracia.

Para alcanzar el bien común no debemos caer ni en la indiferencia ni en el relativismo.

No podemos ser indiferentes a las ideas de quienes gobiernen ni a las personas que lo hagan. Bien lo sabemos, si yo no ejerzo mis responsabilidades ante la comunidad alguien lo hará en mi lugar, y yo seré responsable de las acciones que ese tercero ejecute.

Tampoco podemos abjurar de la verdad. La verdad es una, claro que por nuestra ignorancia determinarla es tarea compleja y nunca acabada.

Hoy día en redes y en los sistemas de mensajería directa la posverdad, las noticias falsas, las paparruchadas que se magnifican con las posibilidades que abre la Inteligencia Artificial IA fortalecen el relativismo.

Siguiendo las enseñanzas reiteradas del Papa Benedicto XVI sobre los graves problemas que nos plantea el relativismo que pretende hacer del mismo valor todas las afirmaciones, la Carta Pastoral “En tu nombre echaré las redes”, nos indica: “Lamentablemente, la renuncia a la verdad es el núcleo de la crisis de nuestra época”.

Para enfrentar en la vida pública el relativismo y la indiferencia los ciudadanos estamos llamados a “comunicar esta tríada existencial que conforman la verdad, la bondad y la belleza”. No podemos dejar el espacio ni a la mentira, ni a las noticias falsas, ni a las paparruchadas.

El Obispo de Ciudad Quesada nos recuerda a los creyentes citando a San Juan Pablo II: “La historia misma está destinada a convertirse en un tipo de palabra de Dios y la vocación del hombre consiste en contribuir a ella, de forma creadora, viviendo esta comunicación constante e ilimitada del amor reconciliador de Dios. Estamos llamados a traducir esto en palabras de esperanza y en actos de amor, es decir, mediante nuestro modo de vida.”

Esta es una obligación que de manera similar aplica al ciudadano y significa que nuestra comunicación debe estar iluminada por el amor, la fraternidad, la amistad social como indica el Papa Francisco, y debe ser dirigida a construir soluciones y dar apoyo a quienes más lo necesitan. No a insultar, ni a marginar, ni a discriminar. No a promover el odio y la división. De manera especial debemos cuidarnos en el uso de estas tecnologías de la inmediatez y la precipitación.

La participación del católico en las redes sociales y en nuestros mensajes directos debe ser frontal, sin esconderse en el anonimato digital, y sin disfrazarnos para asumir características falsas. Igual debe ser la participación en ellas de los ciudadanos probos y responsables.

Esta Carta Apostólica nos conmina: “¡Usemos las redes sociales para el bien, y que en ellas se note de verdad que somos cristianos! En otras palabras, la Iglesia debe promover valores, ya dijimos, evangélicos, y, en consecuencia, valores como la solidaridad, la compasión y la justicia social.” Los ciudadanos estamos llamados a servir esos mismos valores y a buscar el bien de la persona y de la sociedad.

Las naciones deben en conjunto establecer normas para evitar el daño de los mensajes de odio y deben hacerlo sin limitar las posibilidades para su innovación ni la libertad de expresión de personas que se responsabilicen por sus actos. Deben hacerlo también para evitar que el poder de unas muy pocas empresas que dominan estas tecnologías de comunicación las convierta en censores de los ciudadanos, sin responsabilidad por sus acciones, y adquiriendo muy peligrosos poderes.

Pero además es necesario que los ciudadanos actuemos responsablemente en el uso de estas maravillosas herramientas.

Las enseñanzas del Obispo Garita a sus feligreses son una muy buena guía. Las personas interesadas pueden encontrar el texto en https://www.iglesiaciudadquesada.com/en-tu-nombre-echare-las-redes/

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