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Miércoles 5 Marzo, 2014

La moral en general no debería inscribirse en el contexto de una creencia


Creencias y política nacional

Creo que existe un problema en Costa Rica. Las iglesias profesan que los llamados valores cristianos son fundamentales para las bases de un partido que aspire al poder político, y que deben ser parte indispensable del bagaje intelectual de quien quiera ser presidente de este país, y en este caso hago la extensión, que quien quiera ocupar un puesto público, debe obedecer las ordenanzas de una firme moral cristiana.
Podemos buscar una definición de la moral o hacer toda una cátedra en torno a ella, pero me voy a quedar con una acepción neutra y muy simple sin querer quitarle importancia. Según el Diccionario de la Real Academia Española podríamos decir que la moral trata del comportamiento de bien en general, trata de las acciones, pensamientos y relaciones humanas en orden a su bondad o malicia.
Existe entonces otro dilema, el catolicismo y el cristianismo en general son religiones en las que se enseña que se debe creer y se debe vivir bajo preceptos cristianos o no ser salvo dentro de sus conceptos —posiblemente existan pensamientos más complacientes al respecto, pero básicamente así es—. Partiendo de este argumento, cualquier pensamiento o acción que roce o transgreda los límites de lo que se considere adecuado en lo que se llamaría la moral cristiana, podría desatar los reclamos de los sectores creyentes recalcitrantes y de los poco críticos.
Me parece entonces, que se entiende la táctica del partido Liberación Nacional de buscar el apoyo de las iglesias evangélicas. En un país en el que la mayoría de la población se manifiesta como creyente en un ser superior creador del Universo entero —por más vasto que este sea en comparación con el minúsculo planeta poblado por la transitoria especie humana, en la que este ser omnipotente decidió poner su atención— pues es obvio que una movida oportunista del partido autoproclamado "de centro", es aliarse con los sectores religiosos conservadores para tratar de revertir su debacle del 2 de febrero pasado, a sabiendas de que será una decisión cerrada con un margen de pocos votos la que decidirá quién estará en el Poder Ejecutivo por los próximos cuatro años.
En Costa Rica hay un sector importante de la población que piensa votar por quien se manifieste en contra de las sociedades de convivencia entre homosexuales, la fertilización in vitro o el aborto en caso de violación como si estos fueran los principales problemas del país, cuando realmente deberían considerar con mayor meditación el estancamiento de la pobreza, el déficit fiscal, la crisis del financiamiento de la CCSS, los emolumentos en los salarios de muchos empleados públicos que desangran las arcas del Estado o el desempleo, por poner solo algunos ejemplos. Parece ser entonces justificable para los partidos finalistas, el exponerse en acuerdo solapado o manifiesto con las agrupaciones religiosas y darlo a conocer al electorado de manera locuaz.
Y sobre el problema que mencioné al principio, tomemos lo siguiente en cuenta: la fe no nos hace realmente buenas personas, el verdadero deseo de hacer el bien debe ser mayor que cualquier creencia y es un valor necesario para vivir en cualquier comunidad, por lo tanto la moral en general no debería inscribirse en el contexto de una creencia, o se pueden dar los problemas de valoraciones religiosas dentro del contexto electoral que tenemos actualmente y peor aún, en las decisiones en general de quienes elegimos para que nos gobiernen.

Felipe Cordero Quirós
Rae Ingenieros