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Miércoles, 12 de agosto de 2020



COLUMNISTAS


Coronavirus y el humano demasido humano

Natiuska Traña [email protected] | Lunes 06 julio, 2020


Estamos en el siglo XXI, donde los avances tecnológicos están en lo último en comparación a lo que conocía la humanidad en 1918 cuando se dio “La gripe española” y pareciera que no existe un cambio palpable, porque aún a la fecha no tenemos las herramientas para acabar rápidamente con un virus invisible que se ha vuelto una amenaza, no sólo para la salud, sino para los sistemas políticos y económicos.

Nos hemos visto inmersos en una época de cambio (impuesto) donde la normalidad se vio alterada, así como las medidas para que podamos “estar saludables”. Recientemente bastaba con inscribirse al gimnasio, mantener una dieta equilibrada, realizar chequeos médicos más o menos frecuentes para tratar de mantenerse lo más sano posible. De repente la medicina que consideramos tan avanzada, está atada de manos para encontrar una solución rápida al problema del coronavirus y que podamos preocuparnos nuevamente por superficialidades.

Ahora, la preocupación de la mayoría, -sino es que de todos- es resultar contagiado y peor aún que la reacción del cuerpo a esta enfermedad pulmonar sea lo suficientemente buena para no acabar muriendo, además se le suma la respuesta que le pueda dar el sistema médico en cada país con insumos suficientes y no se vea saturado por los múltiples casos graves que se puedan presentar a la vez.

Lo que nos enseña esta situación en aproximadamente los 4 meses que llevamos de confinamiento, es que perdimos el control sobre nuestra salud y sobre el futuro. Un contagio a la vuelta de la esquina, puede cambiar los planes que se había planteado hace cinco años. No existe, dieta, gimnasio, meditación, que garantice 100% que va a estar seguro.

El Covid-19 nos devuelve a esa realidad que teníamos dormida entre facebook, instagram, whatsapp y todo lo que buscamos para distraernos: somos vulnerables, la amenaza de enfermarse y de terminar mal, está presente todos los días. Todos somos pacientes posibles y no sabemos si tendremos una cama en cuidados intensivos en el caso de presentar un cuadro grave, ni si el sistema médico tendrá que decidir en este caso, si podremos vivir o no. Si un familiar enferma y en el caso que acabe en el peor escenario, posiblemente no podremos vivir un duelo como corresponde ni atender las honras fúnebres, que tras de complicadas, deben ser más difíciles de cerrar en este esquema donde no se puede dar paz a los restos bajo los ritos que conocemos.

La pandemia nos ha hecho pensar un poco más en la muerte, un tema que no nos gusta. Pero por otro lado nos debe recordar cuánto debemos aprovechar la vida. Si todos los días pensamos que vamos a morir nos vamos a quedar estáticos, lo que debemos pensar es que estamos vivos y atender el presente. Más de uno quiere vivir hasta los 100 años bajo las mejores condiciones y calidad de vida, ¿pero qué clase de vida tendremos si estamos preocupados por lo que hicimos en el pasado o lo que vamos a hacer en el futuro, sino estamos claros de que lo único que tenemos es hoy?

Este es un momento para que volvamos a empezar, pero se trata de comenzar de nuevo, no de volver a repetir otra vez. Es hora de aplicar todo eso que aprendió en el pasado y no volver a repetirlo si no le gustaron los resultados. Usted es el único responsable de los resultados que salgan de este proceso, de las decisiones que tome, de usar una mascarilla al salir, de correr riesgos, tiene la libertad de elegir dentro de lo posible y debe asumir el costo de sus decisiones.

Friedrich Nietzsche dijo alguna vez que: “La gente vive para el hoy, vive con mucha prisa y muy irresponsable: a eso le llaman ‘libertad’”. Actualmente nos vemos obligados a bajar las revoluciones y tener que pasar mucho tiempo con nosotros mismos, teniendo que darle la cara a las verdades esenciales y revisar esos seres en que nos hemos convertido. Lo más difícil, definir si nos gusta o no esa persona, que ya no tiene más excusas, agenda llena y cosas que hacer para no tener el tiempo para darse la cara al espejo.

Para cerrar haga una pausa, nadie sabe que va a pasar mañana, nadie nunca lo ha sabido, siempre hemos vivido con incertidumbre, es parte de la vida. Bajo esta premisa, el escenario no debe ser tétrico, como en cualquier otro momento de su vida no sabe lo que va a pasar y tiene la libertad de crear su futuro. Hay que aceptar la nueva realidad, que las cosas pueden salir de cualquier forma y lo único que controlamos es responder de la mejor forma posible. Dese cuenta que en este momento está a salvo, disfrute su día, no tema, no está pasando nada. HOY es lo único 100% seguro, lo demás… Vívalo hasta que llegue.

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