Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Viernes 7 Octubre, 2016

No se conoce una verdadera democracia que no sea una democracia de partidos políticos. No existe democracia sin partidos. En verdad, los que dicen que el problema de las democracias es que están compuestas por partidos políticos, no creen o no conocen la democracia

Congreso de Unidad: La vuelta a los principios

“No hay acción política, profunda y creadora, sin un pensamiento que la alimente”, recordaba el presidente chileno Eduardo Frei Montalva, cuyo hijo del mismo nombre también fue Presidente democratacristiano, cuando Chile recuperó la democracia y las libertades públicas, después de la dictadura de Pinochet.

La expresión pone de relieve la importancia de los partidos políticos y sobre todo el compromiso de que estos no se reduzcan a meras maquinarias electorales, sino que se eleven por encima de esa condición, se piensen y se renueven a partir de unos principios, no de simples “eslóganes” de campañas electorales o de ocurrencias corrongas.

Una parte importante de los críticos de la democracia, consciente o inconscientemente, siguen los pasos de antiguos dictadores de derecha o de izquierda o de demagogos y populistas de nuevo cuño, y arremeten contra la democracia argumentando que lo que conocemos en Europa, Estados Unidos, América Latina o Costa Rica, no son democracias sino “partidocracias”.

Sin embargo, no se conoce una verdadera democracia que no sea una democracia de partidos políticos. No existe democracia sin partidos. En verdad, los que dicen que el problema de las democracias es que están compuestas por partidos políticos, no creen o no conocen la democracia.

Los partidos, por supuesto, a veces responden a intereses espurios y justifican algunas críticas o el rechazo de los ciudadanos. Por eso, es fundamental que los partidos sean verdaderos instrumentos de participación, de transparencia y de democracia. Por eso, es fundamental la renovación constante de sus estructuras y la coherencia de sus partidarios, de sus autoridades y de sus fracciones legislativas, con las propuestas y con los principios éticos de los partidos a los que pertenecen.

La vuelta a los principios es la mejor manera de renovarse. El pasado 1° de octubre el Partido Unidad Social Cristiana culminó su Congreso Ideológico, en que renovó su carta ideológica. En un proceso que inició hace más de dos años y que contó con la participación de miles de sus miembros en sesiones cantonales, regionales, provinciales, temáticas, de mujeres, de jóvenes
En la Unidad no le tenemos miedo al cambio y estamos preparados para enfrentar todos los procesos electorales que establece la democracia, pero a partir de unas ideas renovadas y un compromiso ético. Corresponderá alcanzar un Gobierno de Unidad nacional que asuma sin mezquindad las mejores propuestas de cada costarricense, pero a partir de unos principios y un guion coherente de gobierno que señale el norte.
No hay en la nueva Carta claudicación alguna a los principios socialcristianos. Al contrario, se refuerzan nuestros compromisos históricos con la justicia social, la libertad, la igualdad y las garantías sociales. Con los derechos de los empleados públicos y privados. Con los trabajadores independientes y los emprendedores. Con los agricultores, con la juventud, con los adultos mayores, las mujeres y con los más necesitados.

No miramos al pasado con nostalgia, sino con orgullo. Buscando las fuentes, más que las instrucciones, de vuelo. Asumimos los retos con profundo temor (no dije miedo). Temor a Dios y respeto a un pueblo frustrado que depositará en nosotros sus sueños y esperanzas. Miramos al futuro con optimismo.