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COLUMNISTAS


Con pena y sin gloria

Vilma Ibarra [email protected] | Miércoles 08 diciembre, 2010



Hablando Claro
Con pena y sin gloria

Pasaron las elecciones de autoridades municipales y parte sin novedad. A no ser por el hecho casi llevado a énfasis de curiosidad de que en un par de cantones se cuentan los votos uno a uno para corroborar mínimas pero cruciales diferencias, aquí no ocurrió nada relevante; aunque paradójicamente haya un mar de fondo que debería tenernos ocupados a todos (de nada sirve preocuparnos), pero especialmente a los partidos políticos particularmente a Liberación Nacional que por años de años han estado aferrados a un centralismo cada vez más esclerótico.
En una democracia con procesos electorales transparentes, seguros y por tanto garantizados a prueba de chanchullos como dichosamente es el nuestro, ciertamente no puede argumentarse falta de legitimidad por la raquítica asistencia a las urnas. Siendo así, aunque incluso algunos de los elegidos hayan sido cuestionados en actuaciones con manejo de fondos públicos, nadie puede quejarse o aducir falta de legitimidad porque esos electos y reelectos de hoy fueron a someterse al escrutinio público y salieron airosos.
Sin embargo, está claro que el juego electoral aunque es requisito básico no resulta suficiente para afianzar el sistema institucional democrático.
En este sentido, la elección del domingo pasado nos deja un sabor amargo.
Los magros resultados; esa victoria incuestionable del abstencionismo, constatan lo que han venido señalando reiteradamente organizaciones locales como el Estado de la Nación y regionales como el Latinobarómetro: en nuestro país hay un alto apoyo a favor de la democracia pero una limitada satisfacción para con el sistema, particularmente en lo que se refiere al cumplimiento de las expectativas de mejoramiento de la calidad de vida; es decir a la atención de los problemas relativos al bienestar. Tenemos un desbalance entre la adhesión a la democracia y la eficacia respecto de los resultados que la democracia nos produce.
Y si la eficacia del sistema se percibe, se mide y se vive de primerísima entrada en los asuntos de inmediatos de la cotidianidad ¿será eso entonces lo que pueda explicar que un hermoso domingo de sol y vientos alisios navideños todo sea importante, excepto acudir a la cita de las urnas para escoger a las autoridades del gobierno local?
La responsabilidad y la obligación de emitir el voto es intransferible. Pero todo apunta a que no podemos exigir a los votantes el cumplimiento de sus deberes si no damos el paso decisivo para cambiar el modelo centralista y otorgar poder real a los municipios.
Con la designación de un Ministro de Descentralización y Gobiernos Locales la administración actual dio una señal política positiva en esa dirección. Pero del dicho al hecho hay un Ministerio de Planificación y un silencio ensordecedor en medio.

Vilma Ibarra








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