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Lunes 3 Diciembre, 2007

Con la fe no se juega

Afirma don Jaime Gutiérrez Góngora (en un matutino del 19/11/07):
“No mentirás, dice la ley, y estos curas mintieron. Violaron la ley de Dios y socavaron la fe de sus fieles, y con la fe no se juega”.
Don Jaime, yo, Elías Arias Benavides, céd. 2-233-694, Tel. 449-5203, soy uno de esos “curas mentirosos”, yo soy “manudo”, de esos que tiramos la piedra y no escondemos la mano, yo soy uno de esos que sí dan la cara.
¿Podemos hablar ya los curas, o seguimos amordazados?
¿Somos los curas o no somos sujetos de libertades públicas?
¿Somos o no somos los curas ciudadanos costarricenses?
¿Tenemos o no tenemos libertad de expresión los curas? (Constitución Política #28).
¿Se puede ser militante comunista y a la vez cristiano? No.
¿Se puede ser neoliberal y cristiano a la vez? No.
¿Por qué?
Porque ambos son sistemas materialistas, ateos (el marxista, “de iure”, y el neoliberalismo, “de facto”. Porque el cristiano no puede militar en una ideología cuyo centro y cima es el dinero, y no el hombre.
“Creyentes y no creyentes están generalmente de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en función del hombre, centro y cima de todos ellos”. (Gaudium et spes #12).
“Al servicio de la sociedad de consumo, pero proyectándose más allá de esta, el liberalismo económico, de praxis materialista, nos presenta una visión individualista del hombre. Según ella, la dignidad de la persona consiste en la eficacia económica y en la libertad individual, se ciega a las exigencias de la justicia social, se coloca al servicio del imperialismo internacional del dinero, al cual se asocian muchos gobiernos que olvidan sus obligaciones en relación al bien común”.
Ergo: No se puede ser cristiano-neoliberal, ni cristiano-comunista, solo se puede ser cristiano-cristiano. “El que no está conmigo, está contra mí, y el que recoge conmigo, desparrama”. (Mt 12,30).
“Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amara al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24).
El papa Juan Pablo II, hablando de las relaciones obrero-patronales, dice: “Ojalá que estas palabras, escritas cuando avanzaba el llamado capitalismo salvaje, no deban repartirse hoy día, con la misma severidad” (C.A. 8).
¿Puede un cristiano ser cómplice de un capitalismo salvaje?
El Documento de Puebla, hablándonos de algunas actitudes que revelan la autenticidad de la evangelización, nos dice entre otras:
“El amor preferencial y la solicitud por los pobres necesitados” (D.P. 382).
Por tanto, no puede un cristiano que ha hecho la opción preferencial por los pobres, dar su apoyo a un modelo económico neoliberal. Cfr. D.P.: 28, 87-90, 89, 1134, 1142, 1143, 1147, 707, 733, 769, 1134, 1271 et passim.
“No se puede ser cristiano y a la vez ser cómplice del modelo neoliberal, cuyas diez empresas multinacionales más poderosas, tienen actualmente valores en bolsa, que superan el producto interno bruto (PIB) de 150 países tercermundistas.
“Para percibir en sus dramáticas proporciones el gran desafío que significa esta concentración de la riqueza en pocas manos, extractamos algunos de los datos más importantes, que nos ofrece el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Informe 2005-2006.
El binomio “riqueza-pobreza” se agudiza día a día, con distancias abismales.
Veámoslo con los siguientes datos:
*Las tres personas más ricas del mundo, tienen unos activos mayores al PIB de los 48 países más pobres del mundo.
*Las 600 personas multimillonarias gozan de un patrimonio individual de más de $1.000 millones. La riqueza que acumulan esos potentados alcanza, en su conjunto, a la fabulosa cifra de $9.000 billones (debemos tener presente que un billón es, nada menos, que un millón de millones).
*El 1% de la población mundial más rica tiene unos ingresos equivalentes al 57% de la población mundial más pobre. Esto quiere decir que solo 63 millones de multimillonarios poseen tantos bienes como 2.700 millones de personas.
*Las 100 personas más ricas del mundo acumulan riquezas equivalentes a los ingresos de la totalidad de los países pobres del planeta.
*Solo 225 personas poseen tanta riqueza como el 47,8% de la población mundial.
*650 millones de personas sobreviven en el mundo con menos de $1 dólar por día.
*1.200 millones de personas tratan de vivir con solo $2 por día.
*Hay, actualmente en el mundo, 850 millones de personas que padecen hambre. De esas personas, 100 millones son latinoamericanos.
*En el mundo actual, 113 millones de niño permanecen sin escolarizar y 2.600 millones (el 45% de la población mundial) no tiene acceso a servicios adecuados de salud.
*En América Latina, 121 millones de personas no tiene acceso a medicamentos esenciales y 1 millón de personas muere al año por causas relacionadas con la pobreza.
*De los 270 millones de niños, menores de 18 años que hay en nuestra región (46% de la población total), 18 millones (el 17% de la población) son explotados laboralmente.
*40 millones de niños/as viven en las calles de las ciudades de América Latina. Casi la mitad de ellos, para aplacar el hambre y el frío, inhalan clefa u otros pegamentos.
¿Puede un cristiano, un bautizado ser cómplice de un modelo económico de tal calaña sin manchar su corazón? Si esto no es un pecado social, entonces ¿a qué llaman los cristianos: “pecado social”?
No, Jaime, ni los abusos sexuales son un pecado menor ni apoyar un proyecto de un modelo neoliberal es un pecado menor, es un pecado social grave.
“Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno.
El divorcio entre fe y vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época”.
“Los cristianos que faltan a sus obligaciones temporales, faltan a sus deberes para el prójimo, faltan sobre todo a sus obligaciones para con Dios y ponen en peligro su eterna salvación”, Gaudium et Spes #43.

Elías Arias Benavides