Marcello Pignataro

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Lunes 10 Marzo, 2008

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Marcello Pignataro

El premio que recibió Alterra por operar el segundo aeropuerto de Latinoamérica (¿?) me parece que no tiene parangón en la historia de este país. El hecho de que una empresa reciba un premio por una obra que ni siquiera ha terminado me parece insólito y —si se quiere— risible.
Es como si a un estudiante de sexto grado le dieran el título de bachillerato. Es como si a un estudiante de Física 1, recién entrado a la U, lo contrate la NASA como astronauta.
Es como si uno pudiera ser diputado del PAC sin llevar el curso previo. Es como si le dieran la candidatura a Obama sin que se lleven a cabo las primarias que faltan. Es como si a las FARC les dieran el Nobel de la Paz.
Es como si a EDICA le dieran un premio por el Hospital de Heredia… desde ya. Es como si a Autopistas del Sol le permitieran cobrar desde este año el peaje por la carretera Ciudad Colón-Orotina.
Es como si la FIFA premiara el Proyecto Gol Costa Rica. De hecho es como si la Sele ganara un partido. Es como si el Comité Olímpico Internacional felicitara a Jorge Nery por la excelente comunicación con los miembros del CON. Es como si a Saprissa le dieran el título de tetracampeón la semana que viene (aunque, a como está el equipo, perfectamente la Federación se podría ahorrar unos meses y hacer la declaratoria oficial).
Es como si dijéramos que la persona que redactó el contrato con Alterra es muy patriota y siempre antepuso los intereses del país a los de la empresa.
Es como pensar que hacer un trámite de cambio de línea celular en el ICE es cuestión de minutos (bueno, sí es cuestión de minutos, pero muchísimos).
Es como creer que la Agenda Complementaria al TLC será aprobada por unanimidad, incluyendo a los diputados del PAC.
Es como creerle a la gente que dice que lee Playboy por los artículos que trae.
Es como pensar que en los autobuses la gente verdaderamente respeta los asientos especiales para personas mayores, mujeres embarazadas o personas con discapacidad. De hecho es como pensar que todos los que se parquean en los espacios para minusválidos son, efectivamente, minusválidos.
Es como esperar que Lindsay Lohan, Madonna, Bruce Willis o Adam Sandler reciban un Oscar de la Academia. Es como esperar que le den un Grammy a Jethro Tull por “Mejor Album de Heavy Metal”… Perdón, este otro ridículo ya ocurrió en 1989. Sigamos…
Es como pensar que el concierto de Iron Maiden iba a estar lleno de ritos satánicos, mensajes negativos para la juventud… Nuevamente disculpas… Este otro ridículo también ya pasó.
En todo caso es un absurdo que una compañía de la magnitud de Alterra, entre cuyos socios se encuentra Bechtel —una de las empresas de ingeniería más ricas y poderosas del mundo, que ha realizado proyectos como la famosa represa Hoover y el túnel debajo del Canal de la Mancha—, no haya podido concluir una obra tan extremadamente sencilla —en comparación con otros proyectos— como lo es la remodelación del Juan Santamaría.
En definitiva es, y abusando de La Machaca, una cajita blanca que nos dieron a todos… con un poquito de atolillo.


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