Clinton con el reto de atraer votantes jóvenes
New Hampshire es otro de los grandes retos de la campaña de Clinton. Bloomberg/La República
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Es comprensible que el equipo de Hillary Clinton esté traumatizado por tener que volver a pelear por New Hampshire. El primer estado del país con primarias le aportó una victoria crucial en su reaparición frente a Barack Obama en 2008 y luego, ocho años más tarde, le asestó la que fue quizá su derrota más amplia la primavera pasada. Bernie Sanders le ganó por más de 22 puntos, superándola en casi todos los lugares del estado, y llevándose casi todos los grupos demográficos excepto los más viejos y los más ricos.

La última vez que New Hampshire votó a los republicanos fue en 2000, pero sigue representando uno de los desafíos más desconcertantes en la campaña de Clinton. La razón es que, aunque Sanders ahora apoye a la candidata presidencial demócrata, no todos sus simpatizantes siguieron su ejemplo.

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New Hampshire simboliza un problema más amplio para Clinton. El voto joven fue uno de los pilares de la coalición Obama. Pero hasta el momento ha demostrado ser probablemente el más difícil de reconstruir para Clinton. Las encuestan muestran que la candidata no logra conquistar la confianza de los jóvenes votantes –sólo 33% de los de 18 a 29 años dijeron a Gallup este mes que le daban su aprobación- y queda muy por detrás del lugar donde ella desearía estar frente a su adversario republicano.

No obstante, están apareciendo algunas alusiones a un vuelco hacia Clinton. Un grupo que hace un seguimiento del movimiento de los llamados resistentes de Sanders en la elección general es NextGen Climate, que está trabajando con los sindicatos en un súper-PAC (Comité de Acción Política) creado para fortalecer a los demócratas.

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En agosto, sus encuestadores constataron que 15% de los electores jóvenes encuestados en todo el país apoyaban a Sanders en una contienda presidencial imaginaria con cuatro candidatos, pero no respaldaron a Clinton al ser propuesta en su lugar. Esto representó una caída de cinco puntos respecto de julio, una posible indicación de la influencia que pueden haber tenido Sanders y Elizabeth Warren desde sus posiciones de privilegio en la primera noche de la convención demócrata.

Las huellas de estos resistentes son tal vez más evidentes en la parte norte de los estados –Sanders ganó todos los estados que hacen tope con Canadá, excepto Nueva York, el estado natal de Clinton. Estos estados comparten algo más que la latitud: New Hampshire, Maine y Minnesota se cuentan entre los indecisos más homogéneos.

En comparación, el porcentaje de estadounidenses negros en todo el país es el doble que en Wisconsin, que tiene la población racialmente más mezclada de estos estados ganados por Sanders. En estados grandes y diversos, una campaña de movilización efectiva puede compensar una falta de entusiasmo de los votantes jóvenes. Pero los estados pequeños mayoritariamente blancos que Sanders ganó brindan escasas oportunidades de cambiar al electorado de noviembre con las iniciativas destinadas a generar entusiasmo para ir a votar.


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