Alberto Cañas

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Miércoles 15 Diciembre, 2010


Chisporroteos

Hace unas cuatro semanas expresé aquí mi satisfacción por la manera en que el gobierno estaba llevando ante la OEA el problema con Nicaragua. Hoy, sin embargo, tengo que decir que dos cosas han debilitado la posición de Costa Rica.
La primera (que ya había sucedido cuando escribí la columna a que me he referido, fue que cuando vino Insulza y los nicaragüenses se retiraron de la isla mientras Insulza inspeccionaba, el gobierno costarricense debió aprovechar la ocasión para colocar un destacamento policial o de voluntarios en la isla y plantar en ella la bandera de Costa Rica. Estoy segurísimo de que Pastora y sus ovejitas no se habrían atrevido a desembarcar de nuevo en nuestro territorio.
La segunda es la declaración de la señora Presidenta en el sentido de que no está dispuesta a que muera ningún costarricense en este asunto.
Lo malo es que, dicho esto mientras invocábamos el Tratado de Río (conocido hoy con el seudónimo de TIAR), que significa que los otros países nos presten ayuda (no palabrería) ante la agresión militar, lo que la señora presidenta dijo es que, aunque no permitirá que mueran costarricenses, sí espera que fallezcan soldados de otros países. Lo cual debilita nuestra posición al extremo de que no podemos esperar de la OEA otra cosa que lo que aquí llamamos un plato de babas. El viejo refrán castellano dice “ayúdate que Dios te ayudara”. Pero si les vamos a pedir ayuda verdadera a los países no deschavetados de la OEA, no declaraciones platónicas, debemos (como en 1949 y en 1955), comenzar por auto-ayudarnos. De otro modo, nuestro reclamo no lo puede tomar en serio nadie.
Hay que sacar a los nicas de la isla Calero. Pero eso sí, sin que ningún tico exponga su vida. La respuesta de la OEA podría ser: “Ticos, báilense ustedes ese trompo en la uña”.

Alberto F. Cañas
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