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CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 03 febrero, 2010



CHISPORROTEOS


En estos días falleció un hombre de gran calibre que le sirvió bien a la Patria, y de quien poco se habla. Su muerte la comunicó una sencilla esquela familiar, y ni la prensa se ocupó de informar de ella, ni la Asamblea Legislativa, donde se había lucido, se ha dado por enterada.

Se trata del limonense Luis Demóstenes Bermúdez, uno de los diputados más notables de la Asamblea Legislativa 1962-1966. Me tocó trabajar junto a él y admirar su clara inteligencia, la sensatez de sus conclusiones, la elocuencia de sus discursos, la patriótica sencillez con que se conducía tanto en el plenario como en las comisiones, y sobre todo su acendrado patriotismo y su amor por su cuna atlántica.

Terminada su misión legislativa, Bermúdez se incorporó al Poder Judicial, y durante muchos años, creo que hasta su muerte, figuró en el Tribunal Superior de la provincia, que funciona en la ciudad de Limón. La última vez que lo vi, hace muchos años, en su ciudad y en su casa, me hablaba de lo satisfecho que se sentía de ejercer funciones judiciales en su zona, de la cual aspiraba a no volver a salir jamás.

Sin embargo cuando, entre 1994 y 1998, volví a ser diputado y se produjo una vacante en la Corte Suprema de Justicia, pensé en él y le mandé a decir que algunos diputados, entre ellos Gerardo Trejos y este servidor nos proponíamos impulsar su candidatura y que fuese él el primer magistrado afro-costarricense de la Corte. Luis Demóstenes declinó el ofrecimiento en términos contundentes e inconfundibles: no quería abandonar Limón, donde creía estar haciendo una labor judicial útil.

Desde que en 1953 fue elegido Alex Curling, nunca ha faltado un diputado negro en nuestro Poder Legislativo. Pero pocos han tenido la calidad intelectual o la profunda cultura jurídica y política de Luis Demóstenes Bermúdez. Muchas veces he dicho que me sentí honrado de compartir funciones con él. Y siempre de ser su amigo y de saber que él correspondía a mi afecto. Paz a sus restos.

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