Alberto Cañas

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Sábado 14 Febrero, 2009

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

De todo el escándalo que se ha formado en torno al almuerzo de seiscientos y pico mil colones que sugiero sea conocido en la Historia Patria como el “Almuerzo Banhvi-Cerutti”, lo que cabe destacar no es el acto mismo (uno más entre los mil y pico de corruptos abusos que se cometen continuamente dentro y alrededor del Estado costarricense), sino la entereza y hombría de bien con que don Ennio Rodríguez ha afrontado la crisis, admitido su responsabilidad y presentado su renuncia. No “puso el puesto a la disposición del Presidente”, que es una fórmula apendejada de decir “por favor no me destituya”, sino que lisa y llanamente renunció, y reintegró de su propio peculio el costo del almuerzo. (NOTA: Hasta donde se sabe, los otros comensales no han intentado ni siquiera un reintegro similar, y se han limitado a hacer la digestión.)

Es casi maravillosa y digna de que la historia la registre, la actitud de los miembros de la Junta Directiva del Banhvi, que habiendo asistido al almuerzo, comido en él y bebido en él (aunque algunos aleguen no haber bebido), con el mayor descaro objetan la conducta de don Ennio al organizar el almuerzo, pero no la propia. El culpable según ellos es el que invita. Los invitados (que saben muy bien quien va a pagar el almuerzo), no lo son.

Y digo todo lo anterior, porque si estoy destacando, señalando y encomiando la actitud de don Ennio Rodríguez, lo hago porque la de los demás comensales es censurable y oprobiosa. Que todavía doña Clara Zomer tenga alguna labor que hacer antes de mayo del 2010 se dice al aire, sin pensar en lo que todavía pudo hacer en ese período don Ennio, a quien le aceptaron la renuncia a toda carrera pero sin ponerlo de ejemplo para exigir otras sino todo lo contrario, como con satisfacción por deshacerse de él.

El hecho es que almorzar por cuenta del Estado (o de los costarricenses en general) se ha convertido casi en un hábito, y cada año se practicará en restaurantes más lujosos, si alguien no le pone coto a la tendencia. De Ottón Solís se han burlado muchos porque se empeñó desde que fue diputado (1994-1998) en que el abuso de alimentarse los funcionarios y dignatarios por cuenta del fisco, cese totalmente.

Ese ha sido un escudo que peseta sobre peseta ha ahorrado ya dinero y más podría ahorrar. Parsimonia se llama esta figura. Y algunos todavía recordamos las burlas que le hicieron al Presidente don José Joaquín Trejos cuando la anunció como norma de su gobierno casi en el momento de asumirlo.

No se trata de actos individuales de corrupción, sino de generalizadas prácticas corruptas que mucha gente acepta y da por buenas. De pronto, y presumo que así le sucedió a don Ennio, se ve uno envuelto en ellas como lo más natural del mundo. De ahí que cuando un funcionario cae en la cuenta de lo que ha ocurrido rectifica, repone de su peculio lo gastado y dimite, se convierte automáticamente en un ejemplo.

“Todo menos la dimisión”, coreaban en una antigua zarzuela olvidada. Pues nos la están cantando en coro, y por cierto muy afinados, los comensales del Cerutti. Les aconsejo que ensayen bien la tonada, y que hagan una gira por todo el país cantándola y, si a mano viene, cobrándole al pueblo por escuchar la canción.

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