Alberto Cañas

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Miércoles 4 Febrero, 2009

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Ignoro si lo que más le conviene a un país como este ante una situación como la que lo amenaza, es disminuir salarios, que es lo que mediante un seudónimo, propone eso que llaman escudo, que tan necesitado está de escuderos.

Es claro que un recorte de salarios viola la legislación laboral (intocable desde hace sesenta y cinco años); por eso se lo disimula poniéndole el seudónimo de disminución de la jornada de trabajo. No consta si a los gerentes, personeros o ceos (como a algunos les ha dado por llamarlos para que creamos que hablan inglés) también se les disminuirá esa jornada, y en todo caso eso no tiene importancia porque a un trabajador manual, y a un big shot (¿ven como yo también sé inglés?) perder el mismo porcentaje de su ingreso les trae distintas consecuencias. Si yo gano diez millones y me quitan el diez por ciento, no es lo mismo que si me quitan el diez por ciento cuando gano quinientos mil colones.

No sé cuál será la solución, pero lo que proponen, definitivamente no lo es. Y, de paso, se acerca mucho a un temor que expresé repetidamente durante la campaña contra el TLC, y que ahora repito: “¿Qué hará el gobierno de Costa Rica si con el Tratado funcionando una maquiladora le avisa que se va con rumbo a Honduras donde los salarios son más bajos?” Dada la forma en que se vienen pronunciando nuestros gobiernos, en aquel momento manifesté mi temor de que la respuesta fuera: pues pongamos nuestros salarios al nivel de los de Honduras, porque lo importante y lo que interesa es ser competitivos”.

Pero lo que debe interesar, dije entonces y repito ahora, no es ser competitivos sino preocuparnos por elevar el nivel de vida del pueblo costarricense, y por esa razón tan sencilla, no era dable presentar el TLC como una solución a nuestros problemas.

Lo que pasa es que la política que ha predominado en Costa Rica durante los últimos veintipico de años o sea desde que nuestros gobiernos comenzaron a hacerle caso al fondo monetario infiltrado por el reaganismo, y a sus tristemente célebres “paes”, está desembocando ya por una desemboca-dura inevitable, sin que se vislumbre una Barra del Colorado que la desvíe. Y nuestra clase política dirigente, dedicada a la labor pertinaz de deshacer la obra de don Pepe Figueres, tampoco encuentra la solución... si es que la busca.


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