Alberto Cañas

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Sábado 13 Diciembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Lo más inaudito que he leído en muchos años (más de ochenta), es esa afirmación de que las altas multas que se van a imponer a los choferes que violen la ley, no podrán ser pagadas por los delincuentes pobres, y que eso constituye una injusticia.

También podría afirmarse que las penas de prisión deben ser altas para los criminales ricos y bajas para los criminales pobres, porque las familias de los ricos pueden subsistir mientras el señor está en la cárcel, y no así las familias de los delincuentes pobres.

En todo caso, el hecho de que si les ponen un multa les va a ser difícil pagarla tal vez disuada a algunos de tomar tragos antes de manejar, que es de lo que se trata.

¿Qué les parece si elaboramos dos códigos penales, uno para delincuentes ricos y otro para delincuentes pobres? Sería una espectacular novedad mundial.

Pero claro. Estaría de por medio, atravesado como un obstáculo insalvable, el principio diz que universal de que todos somos iguales ante la ley, y que no me vengan con el orwelliano proverbio de que unos son más iguales que otros. Las sentencias que hay banqueros descontando y los procesos en curso contra ex-presidentes de la República están proclamando lo contrario.

Fijémonos bien en que quienes asaltan en las calles para robar teléfonos celulares y otras cosas, no son tipos platudos. Por lo tanto, habría que estudiar si la pena para esos delitos callejeros no será mejor suavizarla ya que se trata de gente pobre.

Y eso sí: el día que agarren a un millonario, ojalá exportador, arrebatándole el bolso a una muchacha en la Avenida Central, a ése sí que lo pudran en la cárcel. Incluso, si fuere necesario, que lo crucifiquen.

Indudablemente, en Costa Rica algunos están poniendo las bases para un novísimo Derecho Penal verdaderamente revolucionario, en el cual las penas no se calcularán sobre la gravedad de los delitos sino sobre los ingresos del delincuente.

Lo que me preocupa de todo esto es que, a pesar de que tengo la convicción de que la actual Asamblea Legislativa es una de las mejores que hemos tenido, nunca faltará algún diputadito de gradería de sol (que en ésta también los hay), que pida un Código Penal como el que he previsto, en el que las penas se calculen según el nivel económico de los delincuentes. Lo malo es que inmediatamente se moverán fuerzas actualmente incontrastables que lo pedirán al revés: penas fuertes para los pobres y penas suaves para los empresarios (seudónimo de los ricos), y quien quita que resulte aprobado.

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