Macarena Barahona

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Jueves 29 Noviembre, 2007

Cantera

Macarena Barahona

La esencial violencia que amalgama la vida política en Colombia ha transformado los valores humanos a su ínfima custodia.
Si los representantes políticos carecen del compromiso ético de valorar sobre todas las cosas a sus representados, conciudadanos que moral y espiritualmente deben valer en cada situación de la compleja violencia, más sobre todo, que la avaricia fría del político para manejar sus aguas y sus presiones.
La calidad de la decisión política deja libre la entrega de olvidar al ser humano y levantar la mortal desidia, en el rompimiento del diálogo.
Para la comunidad internacional es claro que el Presidente de Colombia es el principal aliado a los intereses —siempre imperiales— de Estados Unidos, y en esta tensión la vida de los secuestrados colombianos no es más que el recurso para su hegemonía, un castigo al Presidente de Venezuela por su populismo y su capacidad legítima de mediación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y un auténtico control —por si había dudas— sobre Uribe.
No sé si la negociación de los secuestrados pudiera ser contemplada, por parte de Estados Unidos, como un inenarrable triunfo para Chávez o para las FARC, y un perdedor curioso, el presidente Uribe y sus militares aliados con sus centros oligárquicos de poder, o si en verdad a Uribe la tensión dramática de una guerra que desangra a su pueblo, le favorece, y su construcción política se erige en la violencia sostenida también con la lucha del narcotráfico, alianza estratégica y poderosa de Estados Unidos.
Enclave de seguridad y abastecimiento militar de espionaje y control político.
La zona suramericana parece transformarse cada día, la vida política va dirigida en un movimiento ascendente de nuevos contenidos de soberanía.
La independencia de los Imperios ancestrales, la vuelta al control de los riquísimos recursos naturales, la escaramuza a los tradicionales sistemas políticos, encubiertos de privilegios y corrupciones, al avasallaje de las masas populares presionando por cambios y amplitudes democráticas, a visión de lo más conservador y guerrerista del gobierno de Estados Unidos, que comprenderán como un escenario de amenazas y pérdidas de control, y buscarán presionar a sus verdaderos aliados los llamados por Chávez, “pitiyankys”, históricos testaferros de multinacionales y los que llamamos familiarmente, “vendepatrias”.
La vida de los secuestrados, una nada para políticos, un precio a pagar para cortar la mediación, un sufrimiento ilegítimo para ellos, un terrible error internacional para Uribe, y por ahora, la participación del gobierno de Francia será la única luz en este amargo trasegar de seres humanos.