Macarena Barahona

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Jueves 6 Septiembre, 2007

Cantera

Macarena Barahona

Don Edgar Vargas Vargas, el maestro de la arquitectura moderna costarricense y de una nueva conciencia hacia los legados patrimoniales, falleció este sábado 1º de setiembre.
Protagonista de su tiempo, hacedor de múltiples sensibilidades, su obra arquitectónica se convertirá en legado para nuestro siglo XXI.
La vida de don Edgar en sí es un ejemplo de vocaciones realizadas y un feliz encuentro de andar el siglo XX construyendo y diseñando en una ciudad como San José, de la mano del crecimiento urbano y su formación de arquitecto en el Distrito Federal de México.
Resplandece en su visión modernista el encuentro de la línea en busca de la luz solar, de habitar espacios llenos de armonía y libertad para el tránsito de la luz, así son homenajes a su visión las principales facultades de la Universidad de Costa Rica, las sobrias y elegantes viviendas de Los Yoses, y Barrio Dent, edificios públicos y privados en Tournón y Paseo Colón, agencias del Banco Nacional y el trabajo compartido de la libre Plaza de la Cultura y los Museos del Banco Central.
Pero su esencia de artista y sensibilidades amorosas van a dejar su indeleble afecto en la labor de décadas en el Teatro Nacional, símbolo en sí mismo, de una ciudad que se mueve en el tiempo en continua búsqueda de crearse, y de la custodia y vigilia permanente de la Catedral Metropolitana.
Don Edgar caminaba en lo que deberíamos llamar nuestro centro histórico josefino, perteneciendo a las baldosas y antiguas lajas de piedra, como un ciudadano orgulloso de su honorable familia y de una obra que fue haciendo, como se construye una casa, pieza por pieza.
Así, al final de su extraordinaria vida, su ejemplo se hace más pedagógico, su pertenencia más vital y real a su Barrio, a su ciudad, a sus entrañables símbolos de vida y realiza una labor de defensa del patrimonio arquitectónico a través de ICOMOS de Costa Rica —asociación sin fines de lucro—, la cual funda y es su presidente honorario.
Construyó conciencia de la necesidad de preservar y educar, de sentir como propio lo heredado y lo nuevo.
Un ciudadano ilustre para San José y un maestro para mí.