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“Calladito más bonito”


El silencio es poderoso, quien logra dominarlo más que el hablar, posee control de sí mismo, una actitud reflexiva, un criterio superior para juzgar situaciones y, consecuentemente, una eficiencia mayor en la toma de decisiones. Eso sí, es un arte.
Detrás del popular y sabio consejo de nuestros abuelos, “calladito más bonito”, se esconde una máxima que Shakespeare resumió así: “Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”. Si en lugar de jugar a la desgastante polémica usamos el tiempo para trabajar con esmero y labrar, con paciencia, una obra concreta, luego podremos mirar a los ojos a quienes fueron detractores de esta.
Desde el inicio de su gestión, Rodrigo Kenton usa con frecuencia esta frase para inculcar su sentido en los jugadores de la Selección Mayor de Fútbol. Aunque ganar es siempre la meta, el equipo no se involucra en discusiones estériles ni públicas para compararse con los rivales; en su lugar, trabaja cada día con dedicación y responde con el máximo esfuerzo en la cancha. Incluso, pese a una interesante racha de resultados exitosos, las frases más repetidas en el vestuario son: “no hemos ganado nada”, “vamos paso a paso”, “humildad ante el éxito”, y, por supuesto, “calladitos más bonitos.”
El silencio y la perseverancia son réplicas inteligentes a la crítica y el escepticismo. Son respuestas dolorosas para quienes en lugar de aportar, dijeron que algo no era posible, y luego deben callar y ver el desfile del triunfo desde la acera. No se puede escuchar y hablar al mismo tiempo. Curcio, historiador latino, decía que “los ríos profundos son los más silenciosos.” Igual ocurre con los equipos que, en verdad, se ocupan de construirse como tales, que desean trascender y escribir una historia diferente; ellos están concentrados en crecer y en hacerlo sobre bases sólidas, por eso invierten su energía en el autoanálisis, en el aprendizaje y en elevar su rendimiento.
Los “calladitos” dejan de pensar en qué van a pensar los demás. Se aferran a sus sueños y lo hacen a conciencia, sin temor al juicio externo. Su armamento es el trabajo, la profundidad de pensamiento, la confianza en sí mismos, el callar sus virtudes, la serenidad ante el desafío, la vivencia de equipo, la sencillez y la prudencia. Ellos saben que “es mejor dejar a las personas con la boca abierta que con la boca cerrada.”
Beethoven aconsejaba que “si vamos a romper el silencio con la palabra, que sea solo para mejorarlo”. En nuestro medio decimos más cotidianamente que “para hablar y comer pescado hay que tener cuidado.” Pero en conclusión, volvemos en ambos casos al mismo consejo: “¡Calladito más bonito!” que escuchamos de nuestros antepasados o aprendimos con amargura cuando alguna vez no lo acatamos.

German Retana
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