¡Broche de oro!
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¡Broche de oro!
El gran Roger Federer despierta con títulos en el cierre de temporada

La semana pasada se coronó en el patio de su casa en Basilea.
Ayer, conquistó el Masters 1000 de Bercy, un título que faltaba en las vitrinas de su residencia.

Roger Federer pone broche de oro a una temporada incierta.
No seamos mezquinos con sus triunfos; no los ensuciemos recordando que no juega Rafa Nadal y que Novak Djokovic lo hace limitado físicamente.
Nada que ver.
A una semana del torneo de Maestros de Londres, el número cuatro del mundo se sacó de la chistera el tenis de alto nivel que durante todo el año había aparcado y se impuso en uno de los tres Masters 1000 donde todavía no había ganado, junto a Roma y Montecarlo.
Derrotó en la final al ídolo local, el francés Jo-Wilfried Tsonga, sexto favorito, que apenas tubo posibilidades frente al arrollador tenis desplegado por el helvético, que se impuso por 6-1 y 7-6 (3).
Fue su victoria 18 en un Masters 1000, con lo que supera a Andre Agassi y se queda a un triunfo del español Rafael Nadal, que lidera la clasificación.
Además, se convierte en el segundo tenista en conquistar los dos títulos de París —Bercy y Roland Garros—, tras Agassi.
Y fue su única victoria importante en 2011, un año en el que el suizo, habituado al éxito permanente, vio vencer en todos los torneos grandes a Novak Djokovic, Rafa Nadal y Andy Murray.
Nunca, desde que en 2003 ganó el Abierto de Estados Unidos, Federer se había quedado sin una recompensa mayor, y este año tampoco quería cerrarlo en blanco, aunque haya tenido que esperar al final de la temporada para lograrlo.
Federer no había ganado nada significativo desde que el año pasado se impuso en el torneo de Maestros de Londres.
Pocos récords le quedan por conquistar, pero Federer confesó que funciona a ritmo de motivación, que encuentra en estos retos que le marca la estadística.
En París superó las 800 victorias, una cifra que le permitió entrar en un selecto club de siete tenistas. Alcanzó su final 99 en un torneo donde nunca había pasado de semifinales.
La clave, según confesó, hay que encontrarla en el descanso de seis semanas que se tomó tras el Abierto de Estados Unidos, lo que le hizo perderse la gira asiática pero le permitió llegar más fresco a un final de temporada que otras veces afrontaba con más minutos.
Por ello llegó en una forma magistral y sobrevoló un torneo que completó casi a la perfección. Sin ceder ningún set, algo que no sucedía en un Masters 1000 desde hace cinco años, cediendo una única vez su servicio, en cuartos de final, frente al argentino Juan Mónaco, y sin sobrepasar en ningún duelo la hora y media de juego.
Federer quiere ahora prolongar el estado de gracia una semana más, la que le lleve hasta el torneo de Maestros, su último objetivo para cerrar de forma definitiva el año.
De Bercy se llevó un suplemento de confianza y el apoyo de un público francés que lo adora, incluso tras privar del título a un tenista local por tercer año consecutivo en la final.

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y EFE

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