Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 25 Noviembre, 2013

En el panorama actual con los países más grandes de América Latina con otros intereses, ¿podrá la OEA responder a su llamado?


Brasil y las relaciones hemisféricas

Después de varias décadas volví a Sao Paulo. Disfruté de la calidez de los brasileños nada más dejar el avión. Pude, en las dos horas de “presa” hacia la ciudad, contemplar su inmensa extensión, grandes edificios, muchas autopistas, mientras sufría la congestión causada por 8 millones de vehículos.
El taxista me expresó su admiración por el crecimiento de su ciudad, y sobre todo por las decenas de millones de personas que, a partir de los gobiernos de Cardoso y de Lula, han salido de la pobreza. También su desagrado por la expansión del sistema de redistribución que, según me dijo, hace que muchas personas vivan de los subsidios estatales sin trabajar. Y como si estuviera en San José, oí su disgusto con la política y los políticos. ¡Somos en verdad latinoamericanos!
Pasé un día en Sao Pablo para visitar a José Mario Brasiliense a quien conocí a mediados de los 90 cuando viajé a Brasilia como presidente de ODCA junto con su secretario general, el senador venezolano José Pablo Aguilar. Como funcionario de la Fundación Adenauer, José Mario y su superior Wilfred Jung nos organizaron, entre otras, una vista con el presidente Cardoso en conjunto con el exgobernador de Sao Paulo y fundador del PSDB, el demócrata-cristiano Franco Montoro. De esa reunión surgió posteriormente, en una Asamblea de ODCA en San José, la incorporación a ella de varios partidos brasileños, del PAN de México, del Partido Conservador de Colombia y del Partido Justicialista de Argentina. Entonces teníamos mayor consciencia de que para América Latina era necesaria una visión estratégica de sus relaciones hemisféricas. Para recuperarla sería muy recomendable fortalecer las interacciones entre nuestros partidos políticos.
Hoy vivimos una mayor fragmentación, la OEA pierde vigencia y tienen mayor relevancia los bloques subregionales. Pude constatarlo en esta visita luego de una entrevista con el profesor de relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas, Oliver Stuenkel. Carecemos, hoy más que ayer, de estrategias nacionales y regionales para las relaciones interamericanas.
Brasil tiene clara su posición en la Suramérica que aspira a liderar; con los BRIC (grandes países con desarrollo acelerado: Brasil, Rusia, India, China); en el G20 adonde comparte membresía con otros latinoamericanos: Argentina y México; con China su mayor socio comercial; su aspiración a miembro permanente de Consejo de Seguridad de NN.UU.; su penetración comercial y diplomática en África.
México se realiza y moderniza con su integración en Norte América; el G20; la OECD que también integra a Chile y a la cual aspiran a entrar Colombia y Costa Rica; la Asociación Pacífica en formación (TPP) donde comparte además de con EE.UU., Canadá y países asiáticos y de Oceanía, con Chile y Perú, y potencialmente con Colombia y Costa Rica; su influencia es grande en Centroamérica y el Caribe adonde compite con Venezuela.
Es evidente la importancia para los países pequeños y medianos de América de la OEA como foro para el diálogo con Estados Unidos y también como instrumento político, de protección internacional de los derechos humanos, de seguridad hemisférica y de coordinación de políticas públicas de desarrollo. Pero en el panorama actual con los países más grandes de América Latina con otros intereses, ¿podrá la OEA responder a su llamado?

Miguel Ángel Rodríguez