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Bola muerta mortífera

Argentina sacó del Mundial Sub17 a una permisiva Costa Rica

Eduardo Baldares
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En los minutos 19 y 23 Gastón Sauro remata solo, totalmente solo dentro del área nacional y perdona, pero Costa Rica tropieza por tercera vez con la misma piedra, ¿quién lo marca? Y la respuesta resuena en el fondo de la red al min. 25: ¡Nadie!
Por increíble que parezca, al acercarse la mitad otra bola muerta termina de liquidarnos: un córner descubre en medio del Sahara a Sauro, quien de nuevo cabecea adentro, para un 50% de efectividad tras dos tiros libres y dos de esquina… que conectó sin marca alguna. ¡Sin marca alguna!
Con el dos a cero, Argentina avanza a los cuartos de final y Costa Rica, como siempre, pega la cabeza en su techo histórico, la segunda fase, esta vez producto de dos cabezazos certeros pero facilitados por una defensa permisiva.
Mérito para Santiago Fernández, autor de dos centros medidos con regla; demérito para nuestros zagueros y guardameta, muy pasivos en cuatro jugadas idénticas.
Así las cosas, los dirigidos por Manuel “Puro” Ureña se marchan de Corea del Sur con dos derrotas, la de ayer y contra Perú (0-1), un empate con Togo (1-1) y victoria ante los locales (2-0).
Lo mejor de Costa Rica durante el Mundial, su solidez colectiva, con la que pudo contener los énfasis ofensivos de todos sus rivales, al menos con el balón en movimiento; lo peor, la vulnerabilidad ante las bolas quietas o muertas.
Los incas están en cuartos de final en parte gracias a dicha fragilidad, porque aquel doloroso gol de Bazalar en el epílogo los envió a jugar contra Tayikistán, sin duda un rival menos difícil que los argentinos.
Volvemos al juego crucial, que comienza con un ligero dominio albiceleste, pero en general de poca claridad por ambos bandos… salvo las efectivas conexiones Fernández-Sauro.
Para el complemento Costa Rica ajusta líneas; el “Puro” manda a sus amuletos Josué Martínez y Marcos Ureña, tan decisivos contra togoleses y surcoreanos como controlados por incas y gauchos. La tricolor mejora, tiene el balón, mas no lo dispara con peligro.
Sus remates son globos que acarician un tanque blindado, porque eso es esta Argentina sin Maradonas ni Messis, pero tácticamente sólida.
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