Bodega Lapostolle: el arte de unir la herencia francesa con el alma chilena
Charles-Henri de Bournet Marnier Lapostolle, presidente y CEO, participó en una exclusiva cata organizada por la tienda gourmet Bonvivante
Durante su reciente visita a Costa Rica, Charles-Henri de Bournet Marnier Lapostolle, dueño y presidente de la prestigiosa bodega Lapostolle, compartió la historia y filosofía que han convertido a su viña en un referente mundial del vino chileno.
Su paso por el país incluyó una cata privada organizada por la tienda gourmet Bonvivante, donde destacó la importancia de unir el conocimiento francés con el carácter único del terroir chileno.
Ubicada en Cunaco, vecina a Santa Cruz, la bodega Lapostolle fue fundada en 1994 por la familia Marnier Lapostolle, la misma creadora del icónico licor Grand Marnier.
Desde sus inicios, la viña ha mantenido un compromiso inquebrantable con la calidad y la sostenibilidad, produciendo vinos reconocidos a nivel internacional, como Clos Apalta, galardonado en múltiples ocasiones.
“Nuestra historia empezó en 1827 con una destilería al norte de Versalles. En 1880, mi tatarabuelo creó el famoso Grand Marnier, y décadas después, en 1994, mis padres decidieron iniciar una nueva etapa en Chile, atraídos por la pureza de sus viñedos libres de filoxera”, comentó.
La filosofía de Lapostolle se basa en respetar la naturaleza y reflejar el origen de cada vino.
“La idea nunca fue hacer un vino francés en Chile, sino un vino chileno con la sabiduría francesa. Queremos que cada botella exprese el carácter de su tierra”, añadió de Bournet Marnier Lapostolle.
A lo largo de los años, la bodega ha mantenido su esencia sin dejar de cautivar a nuevas generaciones. Su filosofía se basa en respetar la autenticidad del vino y el carácter de la tierra, más que seguir modas pasajeras.
Son las generaciones quienes conectan con el vino y descubren en él una historia, una identidad y una pasión que trascienden el tiempo.
Durante su visita destacó su admiración por Costa Rica y el potencial del mercado nacional.
“Escuché muchas maravillas de este país, y todas resultaron ciertas. La gente es cálida, amable y apasionada, y eso se refleja también en la forma en que disfrutan el vino”, expresó.
Finalmente, subrayó que el trabajo de Lapostolle mira hacia el futuro, con proyectos enfocados en la sostenibilidad y la adaptación al cambio climático.
“Plantamos viñedos pensando en los próximos cien años. Lo que hacemos hoy es el legado que mis hijos y nietos continuarán en el futuro”, concluyó de Bournet Marnier Lapostolle.
Con esta visita, Lapostolle reafirma su cercanía con el público costarricense y su compromiso de compartir la cultura del vino, un arte que combina historia, ciencia y respeto por la tierra.
Una cena para celebrar
Durante su visita Lapostolle, participó en una exclusiva experiencia culinaria organizada por la tienda Bonvivante.
La velada permitió a los invitados disfrutar de alta gastronomía y los vinos emblemáticos de la casa.
El menú inició con Lapostolle Le Rosé D.O. Apalta 2024, acompañado de un tatami de atún con ponzu de rábano, una combinación fresca y elegante que abrió paso a una serie de maridajes cuidadosamente seleccionados.
Continuó con el Lapostolle Parcella 8 D.O. Apalta 2013, servido junto a costillas de cordero glaseadas en menta con puré de papas rústico trufado, resaltando la complejidad y equilibrio del vino.
El punto culminante llegó con el icónico Clos Apalta D.O. Apalta 2018, acompañado de un ribeye de wagyu con salsa de vino tinto y mini vegetales a la mantequilla, una muestra del refinamiento que distingue a esta etiqueta.
Para cerrar con broche de oro, el Clos Apalta Le Petit Clos D.O. Apalta 2020 se maridó con una mousse de chocolate amargo con frutos rojos y flor de sal, resaltando la armonía entre dulzura e intensidad.