Marcello Pignataro

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Lunes 25 Febrero, 2008

Armados

Marcello Pignataro


LA REPUBLICA publicó, la semana pasada, una serie de notas en que nos muestra cómo ha proliferado impresionantemente la cantidad de armas inscritas en el oasis de paz, en la Suiza centroamericana, en nuestro otrora pacífico país.
Las noticias del periódico nos hablan, eso sí, de las armas que son inscritas por personas responsables, que han cumplido con los requisitos de ley y que han llevado los cursos y prácticas exigidos por la legislación actual. La pregunta que surge es: ¿Y las armas que se compran y no se inscriben? Si hiciéramos la analogía con las cucarachas, que nos dice que por cada una que vemos hay diez que no vemos, nada más imagínense la magnitud de armería que tenemos en Costa Rica.


Se habla ahora de endurecer la legislación, de limitar la cantidad y tipo de armas para aquellos que las quieran inscribir, de llevar más cursos, de ser más estrictos. Surge otra pregunta, que la hizo La Machaca el pasado viernes: ¿Irán a ser igual de estrictos con los “cacos” o les seguirán permitiendo usar sus AK-47 (arma de gran circulación, según supongo, porque aparece en todos los bajonazos, asaltos, cadenazos, etc.) mientras los ticos que quieran legalizar sus armas se conformen con una nueve milímetros?
En este caso, al igual que con las leyes de tránsito, el asunto va mucho más allá de la legislación. En Costa Rica —y en el mundo, para qué nos vamos a engañar— se han perdido los valores, se ha perdido la consideración por la vida humana. Muchos lo piensan dos veces antes de atropellar un perro en la carretera pero no dudan un segundo en meter el acelerador si se trata de algún imprudente que decidió cruzar la calle donde no correspondía. ¿Y el perro sí sabe por dónde cruzar?
En una de mis primeras columnas abogué por que se diera la materia de educación vial desde los primeros años de la escuela. No quiero pensar que eso es una realidad gracias a mi columna, pero me sentí muy satisfecho de que el señor Garnier decidiera mencionarlo en el programa para este año.
Con lo de las armas no es tan sencillo. No se trata simplemente de crear una materia que se llame “Apreciando la vida humana” o “Por qué no debemos matar”. A la gente se le fueron los valores, se le perdió la moral, la capacidad de asombro va constantemente en descenso y, lo más preocupante de todo, ya no tiene miedo de matar.
A esto hay que entrarle en serio. No se trata del consuelo de tontos de que “somos el país con menos cantidad de armas de Latinoamérica”. Se trata de ver cómo eran algunos países, hoy afectados por guerrillas y guerras internas, hace 15 ó 20 años.
Adivinen cómo empezaron.


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