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¡Aprendizaje amazónico!

Amazonía peruana. “¡Trátele con cuidado, no la apriete, manténgase sereno!” Esas palabras del guía experto me orientaron para colocar sobre mis hombros una pesada anaconda de cinco metros de largo. Esta es la especie de serpientes más grande del planeta. ¡Tacto y cuidado! Sí, esa es la clave para lidiar con este mítico reptil, la misma que se requiere para interactuar con personas “difíciles” en los equipos de trabajo.
Las anacondas llegan a medir ocho metros, atrapan sus presas con sus mandíbulas que abren en 180 grados, se enroscan alrededor de ellas para asfixiarlas y, finalmente, las tragan enteras... Luego pasan días en letargo, digiriendo su cautivo alimento. En igual modo, en algunas organizaciones hay personas con mucho poder usado negativamente, que poco a poco atrapan víctimas y asfixian la creatividad, el sentido de pertenencia y el compromiso. Esto causa que el equipo entre en letargo, pues “tacto” extremo es la regla de oro para sobrevivir en él.
El guía me invitó a ingresar a una jaula donde había otras seis anacondas; la sensación de estar a solas con ellas apenas alcanzó para el minuto de la fotografía de rigor.
La selva amazónica es exuberante y sus lecciones tan intensas como su lluvia. Observar de cerca otorongos (jaguares), los felinos más grandes de América y los mejores cazadores del mundo. Son solitarios, con su orina y arañazos en el tallo de los árboles marcan su dominio de hasta 45 kilómetros. Curiosamente, cuando otro macho ingresa a un territorio ajeno, mide esos arañazos; si los suyos llegan más alto, peleará por la hegemonía, pero si son más bajos, evitará problemas. Ellos nos recuerdan a personas individualistas que “marcan” territorios en las empresas, no viven en comunidad, y “cazan” de golpe todo aquello que atente contra sus paradigmas y poder.
Finalmente, observé delfines trabajando en equipo para procurar sus alimentos y, al hacerlo, ayudaban a las garzas, pues hacían que los peces salieran a la superficie del lago. A la vez, el vuelo de las garzas anunciaba a los turistas la presencia de los delfines y, en ese ambiente de cooperación, todos ganamos… excepto los peces.
Si los humanos aprendiéramos más de la naturaleza, reflexionaríamos sobre nuestras conductas correctas e incorrectas, y las organizaciones serían más efectivas y sostenibles.

German Retana
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