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Lunes 1 Junio, 2015

ALC logra las dos metas internacionales del hambre

En las últimas dos décadas, la seguridad alimentaria y nutricional se ha instalado con fuerza en la agenda de América Latina y el Caribe, convirtiendo la erradicación del hambre y la malnutrición en un objetivo regional de desarrollo. Este esfuerzo, que ha involucrado las energías de toda la sociedad, ha dado frutos que hoy florecen a lo largo de toda la región.
En 1990-92, América Latina y el Caribe comenzaron el desafío de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) con un 14,7% de su población afectada por el hambre. Para 2014-16 esta prevalencia ha caído a 5,5%, con lo que la región cumplió la meta del hambre de los ODM. La región también logró la meta más ambiciosa de la Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA) de 1996, al haber reducido el número total de personas a 34,3 millones.
Con ello, ALC se convirtió en la primera región del mundo en lograr las dos metas.
Según el último informe de la FAO, Estado de la Inseguridad Alimentaria en América Latina y el Caribe, las mejoras en la seguridad alimentaria y nutricional de la región se sustentan, en buena medida, en la positiva situación macroeconómica de la región durante la última década y el compromiso político de los países de América Latina y el Caribe con la erradicación del hambre.
La expresión más reciente de la importancia que la región otorga a este tema fue la aprobación del Plan para la Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) 2025, el principal órgano de integración económica y política de la región.
El plan de la Celac es la culminación de un largo proceso que se ha caracterizado por la implementación de diversas políticas públicas con fuerte impacto sobre las familias más vulnerables. Estas medidas incluyen los programas de transferencias condicionadas de ingresos, el apoyo a la agricultura familiar, las mejoras al mercado de trabajo y la alimentación escolar, por nombrar solo algunas de las intervenciones emblemáticas que han permitido que la región haya dado pasos agigantados hacia la erradicación del hambre.
ALC fue pionera en proponer la erradicación del hambre al año 2025, meta adoptada en 2005 por la Iniciativa América Latina y el Caribe sin Hambre y asumida plenamente por todos los países de la región, la cual fue incorporada este al Plan de Seguridad Alimentaria de la Celac.
El progreso ha sido diferente en cada subregión. América del Sur es la que mayor grado de avance ha logrado tanto en la reducción del número de personas subalimentadas como en su prevalencia. América Central ha logrado reducir el hambre desde 12,6 millones en 1990-92 a 11,4 millones de personas en 2014-2016, una reducción del 10,7% al 6,6% de su población. El Caribe, por su parte, es la subregión más rezagada: actualmente 7,5 millones de personas sufren hambre en dicha subregión, un escaso avance desde 1990-92.
En total, más de 30 millones de personas han superado el hambre en América Latina y el Caribe en los últimos 20 años, generando en el proceso un valioso repertorio de políticas públicas que pueden servir como base para otros contextos y regiones.
Pero lo que es tal vez más importante aún es el enfoque que subyace estos logros, una forma de combatir el hambre, la pobreza y la malnutrición que reúne las energías de toda la sociedad con el respaldo decidido de los gobiernos.
Esta fórmula sigue adquiriendo nuevos socios y fuerzas, lo que sumado a los avances ya logrados por la región demuestra que la erradicación del hambre es una meta que podemos alcanzar incluso durante la presente generación.
¿Qué es lo que queda por hacer? No solo reducir el hambre sino lograr que ningún hombre, mujer, niña o niño viva con hambre. Esto requiere redoblar los esfuerzos y mantener el compromiso con la seguridad alimentaria y nutricional en la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ya que todavía hay 34,3 millones de personas que sufren hambre en la región. Llegar a hambre cero es la meta común de América Latina y el Caribe.
Los avances alcanzados hasta hoy nos permiten demostrar que un mundo libre de hambre no solo es posible, sino que es otro mundo, radicalmente diferente al que estamos acostumbrados, y que puede ser el mejor legado que dejemos a las generaciones venideras.

Raúl Benítez
Representante regional de la FAO