Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 22 Diciembre, 2008

A pocos días de Navidad

Claudia Barrionuevo

A tres días de la Navidad y poco más de una semana para que termine el año, uno como columnista se enfrenta al terrible dilema de sobre qué escribir. No es que falten temas de actualidad. Al contrario, sobran.
En la política nacional, la “bomba” que lanzó Rodrigo Arias proponiendo una Constituyente —en ausencia de su hermano, sin que la candidata oficial supiese nada y apoyado por Johnny Araya— da para más de una columna. ¿Pero quién quiere pensar en los graves conflictos ideológicos que provocaría la elaboración de una nueva Constitución mientras escucha villancicos?
Los precandidatos presidenciales del Partido Liberación Nacional, aunque están en plena campaña, pronto preferirán comerse sus tamalitos en familia y descansar del ajetreo en que los tiene inmersos su decisión frente al electorado.
Uno podría hablar de los zapatazos que un periodista iraquí le lanzó a Bush demostrando —sorprendentemente— los buenos reflejos del Presidente a pesar de su antigua debilidad por la bebida. Sin embargo —aunque el tema está presente en todas las fiestas de despedida de año a la que asistimos— estamos más preocupados por los zapatos que les regalaremos a alguno de nuestros familiares.
Las terribles revueltas que no cesan en Grecia por el asesinato de un estudiante, nos hace comprender que el primer mundo no deja de tener problemas graves a pesar de que también en Europa están a pocos días de las celebraciones del fin de año.
Todos quisiéramos olvidar la inseguridad ciudadana. El tema nos cansa y al mismo tiempo nos ahoga con su permanente presencia. No debemos olvidar en estos días a los muchos compatriotas que sufrirán la ausencia de sus familiares asesinados este año en manos del hampa.
Los privilegiados tendremos fiestas acompañados de nuestros seres queridos con buena comida y lindos regalos. Somos pocos. La mayoría de nuestros conciudadanos pasarán estas noches con frío, hambre y pocas esperanzas.
Ni modo: la vida sigue, los problemas continúan y yo quisiera alguna vez llenarme de espíritu navideño, creer que el año que viene algo cambiará, tener la ilusión de que cuando un ciclo termina el que viene será mejor. Pero no. Soy pesimista. Muchos no quieren oír hablar de tristezas en estos días. Posiblemente tienen razón. Hay que darle descanso a todo, incluso —más que a nada— a las angustias y los tormentos.
Así que por respeto y solidaridad con mis lectores dejaré estos asuntos políticos y sociales trascendentales de lado. Voy a recordar a todos los que quiero y dedicaré esta columna a mis amigos de Puerto Viejo de Limón que —por la mala publicidad de algunos medios de comunicación sobre el clima en la zona— no han sido visitados en varias semanas a pesar de que el sol brilla, los perezosos abundan en los árboles y el Mar Caribe nos recuerda que la vida es única, irrepetible y merece ser vivida a pesar de los pesares.
¡Feliz Navidad!

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