Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 23 Enero, 2014

Debe lucharse para reconstruir el Estado Solidario, con los ajustes adecuados a las nuevas circunstancias


De cal y de arena

Produce pero no reparte

Esa es la característica del modelo económico impuesto en nuestro aparato productor a partir de los años ’80: produce pero no reparte. Es preciso reformarlo para corregir sus dañosos impactos; de no hacerlo, sus logros —que los tiene— se tornarán insostenibles.
Dice el Informe del Estado de la Nación (IEN) que el nuestro es un país “descoyuntado” desde que desmanteló las políticas de fomento de la “vieja economía” sin generar equidad a cambio de crear ganadores netos en la “nueva economía”. Esta —sigue el IEN— es la de los sectores que reciben amplio apoyo, crecen en sus actividades, disfrutan de exenciones de impuestos y aprovechan la mano de obra calificada en cuya formación se han invertido cuantiosos recursos públicos, a pesar de lo cual no aportan proporcionalmente en lo fiscal para retribuir los beneficios que han recibido.


Los sectores “perdedores”, en cambio, quedan por fuera de la política pública, no mejoran sus ingresos ni sus capacidades ni sus oportunidades.
Los únicos ganadores del statu quo presente son los beneficiarios del modelo que reservan para sí el reparto con cuchara grande de los resultados, que sacan ventaja de la inacción y que maniobran a diestra y siniestra para sofocar cualquier vestigio de cambio.
Para eso disponen de enormes recursos económicos y poderosas influencias políticas gracias a la usurpación del poder de decisión en el gobierno y en los partidos tradicionales. Son las oligarquías que hoy (como ayer) acorazan sus privilegios y los defienden sin piedad ni escrúpulos con su “ley de hierro” de que habló el sociólogo alemán Robert Michels.
Contra esta realidad debe lucharse para rescatar y reconstruir el modelo propio del Estado Solidario, con los ajustes adecuados a las nuevas circunstancias. Sin partidos políticos fuertes, sin el contrapeso de otras fuerzas sociales hoy carentes de autoridad y desgastadas, y además con el control de poderosos consorcios mediáticos que manipulan a su antojo la información, estas oligarquías invaden los cauces de los procesos electorales para obstruir la libre expresión de la voluntad del ciudadano.
Este es el verdadero propósito de “Alianza Costa Rica” y su artilugio propagandístico de corte “goebbeliano” que deformando la verdad trata de infundir pánico respecto al candidato presidencial José María Villalta. No son los mismos pero sí son de la misma escuela que conspiró para impedir las reformas sociales y económicas de Calderón Guardia y de Figueres Ferrer, también con el fantasma del comunismo con que hoy cierran el paso a cualquier propuesta de cambios en ese modelo de desarrollo económico que les asegura riqueza hasta el hartazgo.
De los peligros que esto entraña para la democracia habló Óscar Arias en “Grupos de Presión en Costa Rica” cuando advirtió que “el poder de gobernar debe ser reservado a la mayoría actuando a través de los partidos. Hay que distinguir entre el legítimo y útil derecho de las minorías organizadas a ser escuchadas, y sus irrazonables pretensiones de poder”. Hay que llamar a cuentas a los del Tribunal Supremo de Elecciones que no han sabido preservar la libre conformación de la voluntad del elector.