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Viernes 27 Marzo, 2015

La unión nacional es necesaria y esencial para esa noble causa. Dichoso el líder que logre el objetivo


La unión hace la fuerza

Para nadie es un secreto que —históricamente— los pueblos y países que han progresado globalmente a nivel social, económico y moral, tuvieron primero que tomar la decisión de desechar sus abismales diferencias como tales, en pro de una cohesión integral social, que sirviera como plataforma para iniciar el viaje al progreso y éxito común en todo sentido.
Han sido los pueblos o países que —sin importar su estado de avance tecnológico o la destrucción que hayan sufrido, producto de guerras o conflictos— acordaron en común llegar a una meta que, en última instancia, consistía en brindar los mecanismos necesarios a todos sus integrantes, para que —satisfactoriamente— cada uno pudiera solventar las necesidades primarias de alimentación, salud, paz, educación y libertad.
Particularmente y en lo que respecta a nuestro país, nos hemos dado a la egoísta y mezquina tarea —incluyendo la clase política y los medios de comunicación— de pensar única y exclusivamente en la satisfacción de las necesidades e intereses particulares, sin pensar en la satisfacción de los intereses y las necesidades comunes de la ciudadanía.
Nos hemos convertido en chismosos y mentirosos, ávidos en la destrucción de las personas que no comulgan con nuestra ideología política, religiosa o profesional. Nos hemos vuelto expertos en señalar los errores de los demás, sin valorar nuestros errores y sus consecuencias, como si fuéramos perfectos.
Nos hemos convertido en impiadosos jueces, destrozando pública y a veces injustamente la honorabilidad y prestigio de personas, con tal de obtener un beneficio particular.
En días pasados, nos enfrascamos en un discurso filosófico para determinar en el caso Soley-Brenes, si el exviceministro ofreció o si —por el contrario— la señora Procuradora General de la República mintió —lo cual a todas luces es una situación de hecho alarmante, pero improductiva para solventar la verdadera crisis social, económica, moral y espiritual que aqueja a nuestro país.
En ello estamos todavía gastando inútilmente las energías y los recursos económicos y sociales que debiéramos estar invirtiendo para crecer integralmente a todo nivel. Cometemos el error de congraciarnos, rememorando estáticamente nuestras glorias pasadas, mientras nuestros hermanos centroamericanos progresan social, económica y comercialmente. Todavía no hemos tomado la decisión —como país— de abrir nuestras alas y demostrarnos que sí podemos y que tenemos todos los elementos e instrumentos necesarios para convertirnos en una potencia global, si así lo deseamos.
Claro está, el sacrificio es la clave. Debemos, por lo tanto ser conscientes del sacrificio que debemos adoptar —a todo nivel—, desechando la idea del beneficio individual, dando cabida a la idea para actuar conforme a la satisfacción de los intereses colectivos locales, regionales, mundiales y universales. No es fácil, pero nadie dijo que lo fuera.
Es una utopía. No, es la falta de deseo de progresar conjuntamente. Puede llegar a ser realidad, si es que así TODOS nos lo proponemos en unidad de pensamiento. Quien diga que es imposible o una utopía, es porque no ha tenido la valentía ni el deseo de implementarlo en su vida y menos plantearlo como opción general. La unión nacional es necesaria y esencial para esa noble causa. Dichoso el líder que logre el objetivo. Lo esperamos con anhelo.

Federico Umaña