Fieles solo a productos básicos
Se da la sustitución de productos por aquellos que permiten un mayor ahorro, dijo Elizabeth Chacón, gerente de Mercadeo de Gessa. Esteban Monge/La República
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Necesidad de ahorro impulsa a consumidores

Fieles solo a productos básicos

Artículos que no son de primera necesidad son sustituidos por otros de menor costo

En busca de un mayor ahorro, apegarse a los productos de la canasta básica alimentaria es la estrategia por la que optó el consumidor este año.
De hecho, además de prescindir de productos que no son de primera necesidad, inclusive sustituir algunos de los más costosos entre ellos la carne roja, con otros de menor precio son parte de las tendencias.


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Esto se debe a que el consumidor actual es más analítico y compra lo estrictamente necesario por un tema de ahorro.
En el anaquel compara precios, y pierde fidelidad por un producto   específico si este le resulta más costoso.
Además, es capaz de visitar el comercio diaria o semanalmente con tal de limitar su compra al consumo diario.
Dentro de esas tendencias está el apegarse a los alimentos de primera necesidad por tratarse de productos menos costosos, donde los de alto costo son los más sacrificados, explicó Ana Teresa Vásquez, directora ejecutiva de la Cámara de Detallistas.
Inclusive, aun cuando se mantienen en el ranking de ventas, productos dentro de la canasta básica también son sustituidos por otros de la lista pero que son menos costosos.
En el último año ha aumentado el consumo de productos sustitutos y de bajo costo, que contribuyen al ahorro, tales como atún, tortillas, té,  harina de trigo, harina de maíz y pan empacado, dijo Elizabeth Chacón, gerente de Mercadeo de Gessa.
Las bebidas funcionales toman fuerza en la gente joven, que las prefiere por encima del café.
Entre los productos más sacrificados están los huevos, cuyo costo aumentó un 8% en los últimos dos años; mientras que un repunte del 14% fue lo que percibió el segmento de carnes en el mismo periodo.
“Productos como la carne se compran con medida, e inclusive en mayores intervalos de tiempo y no para consumo diario; todo esto por el alto costo”, explicó Vázquez.
Los frijoles también bajan en consumo, otros granos menores los sustituyen.
En términos generales la canasta básica alimentaria le cuesta unos ¢3 mil más que hace dos años.
La mayor parte de ese costo aumentó el año pasado, en el que, con excepción de enero, todos los meses subía el precio.
Este año no se percibe un repunte tan pronunciado. En agosto pasado le costaba alrededor de ¢42 mil mensuales, solo unos ¢1.000 más que en 2012.
Para la zona urbana incluye una lista de 52 productos, mientras que para la rural unos 44 artículos la conforman, definidos para cada una por su aporte calórico y la frecuencia de consumo.

María Fernanda Cisneros
[email protected]
@mcisnerosLR


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