Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 21 Febrero, 2012


Crítico

Parece mentira pero cuando la semana anterior un amigo me recordaba que llevamos ya cuatro años de crisis financiera mundial, caí en cuenta de dos cosas: (1) Lo larga que se ha hecho esta procesión y, tristemente, (2) que no se vislumbra un pronto final.
Todo empezó en 2007. El banderazo lo dio el BNP Paribás al anunciar su salida del mercado de deuda hipotecaria en los EEUU. En el corto plazo de un año, el Gobierno estadounidense dejó que el banco de inversión LehmanBrothers quebrara, contrario a lo hecho por Bear Stearns o por el Reino Unido con Northern Rock.
Como apunta Larry Elliott del periódico inglés The Guardian, la noción de que los bancos eran “muy grandes para fallar” ya no era tan creíble a partir de LehmanBrothers y el sistema financiero mundial, específicamente la banca, se vio obligada a nadar contra corriente a pesar de la inyección de capital que recibió de gobiernos complacientes.
Claro que esa era la obligación del sistema financiero, pero lo cierto es que no lo esperaban y, con ese cambio de paradigma el crédito al sector privado se empezó a esfumar. No sólo había falta de credibilidad sino que los riesgos en cuenta empezaron a evidenciarse, como por ejemplo La República ha reportado respecto de las tarjetas de crédito.
En abril de 2009, el G20 reunido en Londres se comprometió a $5Trillones de expansión fiscal, $1.1Trillón de ayuda al FMI y otros organismos multilaterales para supuestamente promover la creación de empleos e impulsar el crecimiento y una reforma del sistema bancario global.
El efecto no fue el esperado y cada país empujó con mayor fuerza su agenda local y no, necesariamente, la internacional. Esta desintegración, que evidenciaba el final de una globalidad política imperante, minó el éxito en su momento y al día de hoy, de cualquier iniciativa conjunta.
Es así como llegamos a 2010 y explota Grecia. Ya Irlanda, Islandia y Portugal daban señales de peligro pero fue Atenas la que encendió la mecha. Su déficit fiscal era insostenible. Y seguían Italia y España.
El 2011 nos trajo sólo la confirmación de estos malos presagios. Una importante mayoría de países occidentales ha visto como las agencias rebajan sus calificaciones. Y, en el caso de quienes siguen emitiendo certificados de deudas, la captación de capital ha resultado cada vez más onerosa.
No sé si lleva razón, pero al menos me intriga Elliott al sentenciar que mientras los gobiernos se enfrentan a una economía mundial deprimida “en el tanto están unidos, les une la estupidez, casados por generalizar la austeridad lo que empeorará las cosas, sin mejorarlas. Y siguen sin atender lo fundamental que propició la crisis de 2007: El desbalance entre las naciones acreedoras como China o Alemania y los deudores gigantescos como los EEUU.”
George Soros presagia una crisis que supere diez años. También que esa década perdida llevará a la destrucción de la Unión Europea. ¡Charita, ojalá que no! La tirada es que Soros se equivoca poco.

Pedro Oller