Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 31 Octubre, 2013

Don Édgar se decanta por una Costa Rica más libre y próspera, más sólida y solidaria, más justa y equitativa, pero no plasma esta vocación en reformas


De cal y de arena

¡Allá les dejo ese tanate!

Los entendidos en la materia son contestes al advertir la grave postración de las finanzas públicas. Es caótico el desbarajuste reinante y sus perniciosos efectos otean ya como densos nubarrones, sin que se perciban indicios de suficiente voluntad política para imponer los correctivos eficaces y eficientes que nos salven del precipicio.
De ello también previene la “Agenda para un diálogo nacional” que precedería el saneamiento fiscal. Al Ministro de Hacienda, Édgar Ayales, hay que reconocer la rica recopilación de indicios que con claridad y concordancia acusan la proximidad de ese precipicio, y la convocatoria a redactar los proyectos de ley idóneos.


No recuerdo ningún listado de problemas y temas de tanta pertinencia como el que somete Ayales a debate. Ni cuando el Ministro Barahona Streber llamó a un selecto grupo de profesionales a trabajar en la corrección hacendaria ni cuando se abrió el debate a propósito de los Programas de Ajuste Estructural que solo sirvieron para descoyuntar el Estado Social de Derecho y para darle cobijo a privilegios de otro jaez.
El gran defecto de la Agenda Ayales (Ministro que llegó al cargo en mayo de 2012) es que nace a destiempo, cuando el gobierno Chinchilla se hunde en estertores moribundos, desprestigiado y sin poder de convocatoria, y en que no se casa con ninguna propuesta concreta sino que todo lo deja a la fe de que entre febrero y mayo surja una concertación de fuerzas que haga el milagro de traer la paz política y la reforma fiscal que garantice “eficacia y equidad social”, como puntualizaron Leonardo Garnier, Jorge Guardia y Juan Ml. Villasuso, entre otros economistas, en mayo de 2004.
En un arco político tan disperso, sin liderazgos y con sectores empresariales y sindicales firmemente ceñidos a privilegios de todo tipo, no va a ser fácil aprobar una indispensable reforma eficaz y equitativa.
Ayales debió estructurarla y hacer de ella el motivo de una cruzada suya, sobre la cual los pretendientes a la Presidencia deberían asumir las responsabilidades del caso.
Así se libraba de quedar en el “nadadito de perro” que le reprochó don Ricardo Jiménez a otro Ministro de Hacienda —Raúl Gurdián— para calificar las iniciativas que no avanzaban y que salpicaban a su paso todo lo que estuviera cerca.
Don Édgar se decanta por una Costa Rica más libre y próspera, más sólida y solidaria, más justa y equitativa, pero no plasma esta vocación en reformas. Expone, a modo de arco iris, la amplia gama de problemas fiscales, de los vicios del mundo tributario, de la prostitución del gasto y poco habla de la corrupción y sus efectos. No identifica las medicinas ni su dosificación. Como profesional de afinada espuela él sabe que los neoliberales —que merodean por ahí— también hablan de justicia tributaria y que si en manos de ellos se deja el tratamiento de los problemas hacendarios, de los privilegios tributarios y las prebendas de planilla, lo que habría es una profundización del mismo modelo de desarrollo importado con suficientes señales de agotamiento, de inequidad y de insolidaridad.
 

Álvaro Madrigal